2. El Marco socio religioso en la época de Jesús (1° parte)
Jesús de Nazaret y su historia[1]
- 1. Marco general: la expectativa escatológica
La experiencia creyente de Israel tiene que ver con la acción de Yavé en medio de su pueblo. Su credo es el relato de una historia de salvación.
Nosotros fuimos esclavos de¡ Faraón en Egipto,
pero el Señor nos hizo salir de allí con mano poderosa.
El realizó ante nuestros mismos ojos,
grandes signos y tremendos prodigios contra Egipto,
contra el faraón y contra toda su casa.
El nos hizo salir de allí y nos condujo para darnos la tierra
que había prometido a nuestros padres con un juramento.
(Deut. 6, 21-25).
Sin embargo Israel, a lo largo del tiempo, fue conociendo el fracaso histórico. Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma son los nombres de los imperios que se fueron sucediendo en el dominio del país. Pero la propia experiencia de opresión fue madurando su fe.
El exilio en Babilonia fue el punto de inflexión de esta maduración. "¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera?", se interroga el salmista (Sal. 137,4).
Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones,
y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados.
Ya no hay más en este tiempo ni jefe, ni profeta, ni príncipe,
ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso,
ni lugar donde ofrecer las primicias y así alcanzar tu favor (Dn. 3, 37-39).
En la desnudez absoluta aparece la tentación de abandonar la fe de los padres. Pero también aparece la ocasión para purificar esa misma fe.
El presente de opresión y aquel pasado pródigo de gloria y de promesas aparecen enfrentados. Este será el suelo en el que germine un proceso de escatologización de la fe de Israel que podríamos formular así: "Yavé, que en un tiempo actuó en favor de su pueblo, y que es fiel a sus promesas, volverá a manifestarse en favor de Israel".
Dicho proceso va madurando en el pos-exilio y tomará forma en la época de la dominación helenística. Surgen en Israel grupos y partidos que se ubican de distintas maneras frente a esta expectativa. Hace su aparición la literatura apocalíptica (cfr., fundamentalmente, el libro de Daniel y la literatura intertestamentaria). Aparecen las primeras manifestaciones de la creencia en una resurrección de los muertos. Se habla de "el día de Yavé" para referirse a su manifestación futura en la que se inaugurará el nuevo eón (nuevo tiempo) que reemplace al eón presente.
Podría decirse, sintéticamente, que en la época de Jesús de Nazaret, la expresión que englobaba a esta expectativa era la de "reino de Dios", o también, "reino de los cielos", entendido no como una cosa sino como una acción de Dios: la de su reinado. La figura del inaugurador del reino recibía distintos nombres: "hijo del hombre", "mesías" y "el que ha de venir" son las que más se destacan.
En esta expectativa -que desarrollaremos al hablar del mensaje de Jesús- coincidían prácticamente todos los contemporáneos de Jesús, no obstante lo cual nos encontramos con importantes diferencias y matices a la hora de hablar del advenimiento o de la representación de este reino.
El tema nos lleva a presentar el panorama socio-religioso de Palestina en la primera mitad del siglo 1 de nuestra era.
- 2. Marco socio-religioso: grupos, tendencias e instituciones
Cuando leemos los Evangelios nos encontramos no sólo con personajes aislados sino con grupos -los fariseos, los escribas, los maestros de la ley, los saduceos, los herodianos, los que reciben el apodo de "zelote", etc.-, que reflejaban distintas tendencias",, y con instituciones -el sanedrín, la sinagoga.
Además de los Evangelios, otras fuentes atestiguan la existencia y las particularidades de estas expresiones que dibujan el paisaje social y religioso de la Palestina de los tiempos de Jesús de Nazaret.
Los fariseos
Aparece como el grupo más estructurado y numeroso. Fariseo quiere decir "separado", del verbo "parash" = separar. Sus orígenes se remontan a la época de los macabeos y a la resistencia al intento de helenización del judaísmo (cfr. 1 y 2 Mac.)[2]. Proceden de todas las capas sociales: comerciantes, artesanos, sacerdotes, escribas. Para entrar en esa corriente, después de un tiempo de probación que varía de un mes a un año, basta con comprometerse a seguir las reglas de la asociación sobre pureza ritual, ayunos, diezmos y otras costumbres religiosas (cf. Lc 18,11-12). De ordinario son gente humilde, virtuosa, irreprochable, pobre, desinteresada. Se preocupan de liberar a su pueblo y de ayudar a los pobres; un medio útil de propaganda para ellos es hacer visibles sus gestos de caridad (Mt 6,2).
Practican la pureza en el cumplimiento de la ley. Sus escribas y doctores predican en medio del pueblo -por eso la frecuencia de sus encuentros con Jesús- para dar a conocer las reglas que se habían ido forjando a lo largo de la tradición oral, a la que le adjudicaban un lugar privilegiado al punto de equipararla a la ley escrita. Profesan la igualdad de todos y la libertad del hombre, creen en la inmortalidad del hombre y en la resurrección, profesan una gran confianza en la providencia.
Ser judío y piadoso consiste en practicar la ley. Por eso es que los preceptos apuntan a "cubrir" toda la existencia y la cotidianeidad de la vida del israelita. Esperan el reino, pero es el cumplimiento de la ley el que lo acerca. Llevan en la frente una cajita de cuero con un versículo de la ley (filacterias) o un versículo apretado contra el brazo izquierdo, cerca del corazón.
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Los fariseos profesan un género de vida muy sencilla, sin ninguna concesión a la molicie, y regulan su aprecio de los bienes por el juicio que les ha transmitido la razón, opinando que deben empeñarse en observar lo que ella les dicta. Ceden a la autoridad de los que son de edad avanzada y no hay nadie que se atreva a contradecir lo que ellos han establecido. Opinando que todas las cosas se realizan por orden del destino, no despojan sin embargo a la voluntad humana de su acción sobre ellas, ya que Dios ha juzgado convenientemente realizar una fusión, de manera que lo voluntario del hombre concurra con su consejo, siendo el resultado la virtud o el vicio. Creen que las almas tienen un vigor inmortal y que hay bajo tierra castigos o recompensas según se hayan dedicado durante su vida a la virtud o al vicio, con la perspectiva para unas de una cárcel eterna y para otras de la facultad de vivir de nuevo. Por eso han conquistado crédito ante el pueblo y todas las cosas divinas, las oraciones y las ofrendas de sacrificios se cumplen según su interpretación. Las ciudades han rendido homenaje a tantas virtudes, aplicándose a lo que hay de más perfecto en ellos tanto en la práctica como en la doctrina. (Flavio Josefo, Antigüedades Judías, XVIII, 2)
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Se agrupan en asociaciones de diversas tendencias, y se reúnen en asambleas por pequeños grupos generalmente para las cenas en común de los viernes. Suelen esta dirigidos por algunos escribas de los más instruidos.
La lectura de los Evangelios puede llevar a un juicio excesivamente severo hacia los fariseos. Esto responde a muchos factores y no es el menor el hecho de que en la época de la redacción de los sinópticos fuera el único grupo que había sobrevivido con holgura a la catástrofe del año 70.
Pero el propio Nuevo Testamento nos enseña que entre ellos había algunos seguidores de Jesús (cfr. Mc. 15,43; jn. 3, l). Intervienen en su favor en algunas controversias, como lo harán después con los apóstoles y con Pablo (cfr. Hech. 5, 34- 39; 23, 6-9). Incluso le advierten de que Herodes lo quiere matar (cfr. Lc. 13,31). Pablo mismo se confiesa fariseo (cfr Flp. 3, S). De hecho, la responsabilidad en la muerte de Jesús les cabe, más que a ellos, a los saduceos y a los sumos sacerdotes (cfr. Jn. 11, 49-50). Los fariseos no están presentes en el proceso que conduce a la pasión de Jesús.
Su recelo del poder y su preocupación por la educación de las masas le dieron a los fariseos una influencia enorme entre el pueblo.
Después de la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70, pasan a ser los grandes organizadores y líderes del pueblo. Son, por así decirlo, los creadores del "judaísmo' como hecho cultural.
Los saduceos
Surgidos en la misma época que los fariseos, el poder de los saduceos aparece ligado a una institución clave de la vida del pueblo: el Templo de Jerusalén. Esto se debe a que pertenecen al alto clero: las familias de los sumos sacerdotes son miembros de este partido.
Su nombre deriva, probablemente, de Sadok, sumo sacerdote del tiempo de Salomón (cfr. 1 Rey. 2,35), de quien los saduceos se consideran herederos[3].
Al volver del destierro, se incorporaron a los descendientes legítimos algunos intrusos. Durante la rebelión de los macabeos, en el siglo II el cargo de Sumo Sacerdote se convirtió en una fuerza política que los reyes de Siria quisieron controlar. Las familias se dividieron entre los que acaptaban el poder extranjero y los que lo rechazaban. Cuando la familia sacerdotal de los macabeos (los asmoneos) toman el poder en el 142, se rodea de un grupo aristocrático de sacerdotes y laicos, defensores de la indepndencia nacional y de las tradiciones. Este grupo, dirigido por los sacerdotes (llamados entonces "hijos de Sadoc" interviene como grupo establecido ya en el siglo II en la vida política, en el entorno del Sumo Sacerdote (que es el jefe de la nación) y en el Sanedrín. Tan fieles a la dinastía herodiana como distanciados del pueblo, integraban, en la época de Jesús, un partido aristocrático[4] y conservador que mantenía buenas relaciones con el ocupante romano y ejercían su influencia en el Sanedrín.
Si bien poseían, como los fariseos, una tradición oral, no la equiparaban a la ley escrita. Los sacerdotes son los únicos intérpretes de la Ley, los laicos (es decir los fariseos) no pueden hacerlo. Mantenían distancia del pensamiento apocalíptico y un bajo perfil ante las expectativas mesiánicas. Sospechan de los profetas y prescinden de sus escritos, limitándose al Pentateuco. Lo demás lo consideran como herejía.
Asimismo, negaban la resurrección de los muertos y la retribución en el más allá. (Mt 22,23; Hech.23,8). Sostienen una especie de vida vegetativa después de la muerte en el "sheol". Apoyándose en el concepto tradicional de una retribución inmediata y material, ellos, que poseen la riqueza y el poder, se consideran bendecidos por Dios.
A la hora de aplicar la ley la interpretan de modo concreto y limitado, de esa manera es mayor el campo que queda para la libertad. Un ejemplo de esto es que para ellos las reglas de pureza valen sólo dentro del recinto del templo. Por lo tanto fuera de él son libres para tratar con los paganos. La pureza y la santidad están reservadas para los que frecuentan frecuentemente el templo, es decir los jefes de los sacerdotes. El pueblo no está afectado por estas reglas y se les puede pedir toda clase de cosas y servicios, especialmente prestaciones personales.
Destruido el Templo en el año 70, ya nada queda de ellos. La escena pasa a ser dominada por los fariseos.
En el momento en que Jesús entra en escena, la vida religiosa de Israel estaba dominada por estas dos corrientes. Ellos, a pesar de la variedad de sus posiciones ideológicas y prácticas, representan en el fondo la más estrecha ortodoxia religiosa e, incluso siendo como hebreos, íntimamente contrarios al poder extranjero, en realidad constituyen los pilares del status quo socio-político de Palestina en aquel tiempo. Son los saduceos quienes toman a Jesús como mesías político y traman su condena.
Los zelotes
El espíritu nacionalista expresado, desde lo religioso, por los fariseos, adquiere en los zelotes un matiz claramente político y militar. Su nombre procede de una palabra griega que significa "sentirse celoso de". Tienen una confianza absoluta en Dios y en las instituciones queridas por él: el templo y la ley. Para ellos el Señor no tolera ninguna falta ni por parte de los judíos ni por parte de los infieles. Están convencidos que con sus acciones de "limpieza de impíos" apresuran la llegada de su reino, de su mesías.
No se trata, para ellos, meramente de preservar la identidad judía, sino de luchar por la libertad de Israel desalojando al invasor y a la dinastía herodiana: el reino se conquista por la lucha armada.
No resulta tan sencillo circunscribirlos socialmente. De hecho, el iniciador de la revuelta del año 66 es Eleazar, hijo del sumo sacerdote Ananías. Más bien aparecen en torno a un líder, como Judas Galileo, iniciador de la revuelta con ocasión del censo del año 6 d. C. (cfr. Hech. 5,37), quien dejó su impronta al movimiento.
Flavio Josefo los identifica con el grupo de los llamados 'bandoleros", conformado por aquellos hombres, muchas veces jóvenes, que huyeron de sus hogares antes de ser vendidos como esclavos a causa de la pobreza, los impuestos y las deudas, y entre quienes no faltaban delincuentes comunes y sicarios.[5]
Entre los seguidores de Jesús se mencionan, sin mucha precisión, algunos zelotes (cfr. Lc. 6, 15; Hech. 1, 13). Jesús no acepta la ideología extremista que sostienen (Mt 10, 4) Sin embargo, aun siendo una época turbulenta, los años de la actividad de Jesús fueron relativamente tranquilos. Parece claro, por lo menos, que no puede trasladarse al año 30 el clima de agitación que se vivió en la revuelta del año 66[6] y que concluyó con la destrucción del Templo a manos de las tropas de Tito en el año 70.
Los esenios
El descubrimiento casual de los papiros en una cueva cercana al Mar Muerto, acontecido en 1947, así como la avalancha de estudios sobre los mismos, nos permiten tener una idea bastante acabada de este movimiento, o por 1o menos de alguna de sus comunidades. Al igual que los otros grupos, se suele ubicar su origen en la época de los macabeos, pareciendo cierto que no sobrevivieron a la guerra del 66-70.
Se trata de un grupo de israelitas piadosos[7] que, considerando que los poseedores del poder religioso estaban comprometidos irremediablemente con la dominación romana, se alejaron de la sociedad civil formando una comunidad mesiánica con un carácter rígidamente ascético, y decididamente proyectada en la espera de la próxima venida de un enviado de Yavé que, en poco tiempo iba a instaurar el Reino de Dios. Eran unos 4.000, formaban varias comunidades. En Egipto se instaló una comunidad (los "terapeutas" o curadores) y otra cerca de Damasco. Son mencionados por Flavio Josefo, Filón de Alejandría y Plinio el Viejo.
Fuertemente estructurados, la jerarquía de esta especie de movimiento "monástico" se iniciaba con los sacerdotes, a quienes seguían los levitas, los jefes laicos y, por últimos, lo simples miembros. La obediencia era la condición absoluta de pertenencia al grupo. Vivían en comunidad de bienes. EL jefe, llamado también inspector, tiene entre 30 y 50 años; es el padre de la comunidad. Se le manifiestan las faltas cometidas; acoge a los candidatos e instruye a los nuevos miembros. Excluye a los que no se conforman al reglamento. Los escribas explican la ley.
Aquellos que eran postulados para integrar las comunidades debían pasar por una especie de noviciado. El afán de pureza llevará a la práctica de una estricta castidad y a poner distancia de las ciudades y del resto del pueblo. Se exige la misma pureza que al sumo sacerdote. Por ser puros se bañan varias veces al día y renuncian ir al Templo, demasiado manchado a sus ojos desde que los sumos sacerdotes dejaron de ser sadocidas. Preferían reemplazar los holocaustos por la santidad de vida, aguardando que Dios quiera restituir el culto y el templo en su pureza original.
Cuando un candidato ingresa a la comunidad cede todos sus bienes al grupo. La comunidad mantiene el antiguo calendario[8] y rechaza cualquier tipo de componendas con la ley. El trabajo manual goza de gran consideración.
Su doctrina divide al mundo en dos partes: los buenos y los malos. Los buenos viven para siempre y los malos mueren para siempre. Las faltas personales quedan purificadas por las abluciones en el baño y por el ayuno.
También ellos se consideraban los herederos legítimos del sumo sacerdote Sadoq, lo cual los enfrentaba a los saduceos y al culto oficial del Templo. Los acercaba a los fariseos el rigor absoluto con el cual practicaban la ley. El deseo de pureza religiosa los muestra dispuestos, incluso, a la lucha armada contra los ocupantes. Solo esperan la señal de Dios para comprometerse en la lucha armada uniéndose al combate escatológico entre ángeles y demonios.
Son portadores de un doble mesianismo: el del descendiente de David (rey) y el del descendiente de Aarón (sacerdote), al cual el primero estará subordinado. Imaginan un futuro "paradisíaco" donde ya no existan ni gentiles ni judíos pecadores. Allí serán gobernados por un "hijo de Aarón".
Los textos de los esenios (los manuscritos del Mar Muerto) contienen copias de los libros del AT, comentarios a los profetas, así como las reglas y las preces de la comunidad. No hay que exagerar los vínculos entre los Evangelios y los esenios de Qumrân; se reducen a nivel de las palabras ("hijos de la luz"...) y al plano de la simpatía que inspira su rectitud. Pero el evangelio rechaza su dureza y su concepción de Mesías justiciero; Jesús anuncia el perdón y la misericordia.
Los bautistas
En las primeras páginas de los Evangelios, junto a Jesús de Nazaret se destaca la figura de Juan Bautista. El inicio de la vida pública del primero parece estar ligado, de alguna manera, al segundo. Juan Bautista y Jesús formaban parte de un movimiento mucho más amplio y difuso que, por la práctica de un bautismo de conversión, recibieron el nombre de bautistas.
Lejos del casuismo fariseo y del purismo esenio, estos grupos aparecen como los más cercanos al pueblo sencillo y encabezando una renovación religiosa de carácter popular. Anuncian que la salvación es para todos, incluso para los no- judíos (cfr. Lc. 3,7-14) y hacen un llamado a la conversión de la cual el bautismo es un símbolo.
En el caso concreto de Juan Bautista, sabemos, por los Evangelios y por Flavio Josefo, del entusiasmo que despertó entre la gente. Al punto de llegar a ser encarcelado y ajusticiado por Herodes Antipas. Su bautismo era un bautismo de conversión ante la llegada del reino de Dios a quien él veía como el día del juicio amenazador. Por eso es que hay que cambiar de vida. Su mensaje tenía un profundo contenido salvífico y escatológico.En medio de todos los movimientos religioso-políticos, Juan bautista era diferente, precisamente porque era un profeta, y un profeta, como muchos de sus predecesores, de ruina y destrucción. Mientras los demás anhelaban la "era venidera" en la que los fieles de Israel y triunfarían sobre sus enemigos, Juan profetizaba la ruina y la destrucción de Israel.
Tuvo discípulos antes y después de su muerte. Por la polémica que trasunta el Evangelio de Juan -sus seguidores lo consideraban un mesías-, aún los encontramos hacia fines del siglo primero.
[1] BIBLIOGRAFIA: Campana, O, Jesús de Nazaret, su historia y la nuestra, San Pablo, Bs.As.1994; Coda, P., Dios llega al hombre. Breve Cristología, Ciudad Nueva, Madrid, 1993; Sesboüe, B., Creer. Invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del siglo XXI, , San Pablo, Madrid, 2000
[2] 1 Mac 2, 42: entonces se les añadió ( a los macabeos) el grupo de los leales israelitas aguerridos, todos los voluntarios de la Ley.." Sus orígenes deben buscarse aún más lejos; se les relaciona con el grupo de los hassidim y con el sacerdote Esdras. Los hassidim eran los judíos piadosos (tal es el significado de la palabra hebrea) que, durante la restauración nacional llevada a cabo por Esdras, creían que no bastaba con reconstruir el templo, las murallas y la ciudad de Jerusalén, sino que había que construir además una vida espiritual capaz de animar aquellas piedras, basada en el estudio de la ley para conocer la voluntad de Dios y en la oración. Estos hassidim fueron los que recogieron, quizás los que crearon, numerosos salmos.
Cuando la crisis macabea, estos piadosos parece que no estaban unánimes entre sí; al principio se pusieron al lado de Matatías, pero ya en tiempos de Judas Macabeo algunos dejaron el movimiento, pues a sus ojos la lucha de Judas tenía un carácter más político que religioso.
[3] El nombre de Sadok está ligado a la historia de David y de Salomón, especialmente en los tiempos turbulentos que precedieron al reinado de David y a las dificultades de la sucesión de este rey. Antes de la toma de Jerusalén por David, los principales santuarios estaban en Silo. Los hijos del sacerdote de Silo, Elí, obraron injustamente (1 Sm 2, 12-25) y murieron. El descendiente de Elí sostuvo a David (1 Sm), que se lo llevó luego a Jerusalén, poniendo a su lado a otro sacerdote, Sadoc, de origen oscuro (quizás ya del clero local de Jerusalén). Cuando la sucesión de David, el primero, Abiatar, se puso de parte de Adonías, uno de los hijos de David. El segundo, Sadoc, se puso al Iado de Salomón y de Betsabé. Cuando Salomón subió al trono, eliminó a los que no le habían apoyado. Con la reforma salomónica, la centralización del culto se hizo en solo el templo de Jerusalén. La familia de Sadoc se situó entonces en el linaje de Aarón y se quedó con las funciones hereditarias del sumo sacerdote, con la descendencia estable, como el rey: «Yo me nombraré un sacerdote fiel, que hará lo que yo quiero y deseo; le daré una familia estable y vivirá siempre en presencia de mi ungido» (1 Sm 2, 35).
[4] Posición política
Caracterizada por tres aspectos:
l. Un fuerte conservadurismo, apegado al templo y a las tradiciones antiguas. Los saduceos fomentan una política nacionalista hasta la llegada de los romanos (63 a.C.). Herodes los trata con desdén. Envidiosos de Herodes, chocan también con los fariseos. Herodes disminuye sus poderes, pero los cubre de honores. Se convierten en funcionarios del culto.
2. El poder procura conservarse: hábiles y tácticos, saben abrirse paso hacia el exterior. Por eso acogen la cultura griega, el comercio exterior y las relaciones de negocios; son conciliadores con los romanos (¡excepto cuando Pilato echa mano al oro del templo!). En resumen, su apertura está dentro de la lógica de su conservadurismo.
3. Están alejados del pueblo. Poco numerosos, pero con mucho poder.
[5] Del latin sica= puñal, de allí sicario=asesino. Estos apuñaladotes actúan contra Roma sobre todo durante las fiestas y aglomeraciones de gente (ej. Barrabás: Lc 23,19) Por una etimología dudosa se relaciona Judas el Iscariote con los sicarios, que traiciona a Jesús al ver cómo no responde a la figura del mesías político que esperaba.
[6] En noviembre de ese año, un jefe zelote, Juan, se apodera de Jerusalén; la rebelión se convierte en guerra abierta. Incendian archivos, sobre todo las listas de deudas.
[7] De "hasîn": los (hombres) piadosos. Entre ellos se daban el nombre de "los elegidos", "los santos", "los pobres", "los hijos de la luz"
[8] Por ello celebran la Pascua en una fecha distinta a los demás.



