El anuncio de Jesús de Nazaret: La llegada del Reino 3ª parte
IlI. CONVOCACIÓN DE LA COMUNIDAD MESIÁNICA
(de P.Coda, op.cit.)
Existe un dato fundamental en la experiencia de Jesús, y es que Él obra y camina a lo largo y ancho de Palestina con un grupo de discípulos. Si examinamos desde el punto de vista sociológico y religioso este grupo, podemos ver que es distinto del modelo que la comunidad de Israel conocía tan bien: el del grupo de discípulos en torno a su maestro (el «rabbí»). Intentemos describir sus características esenciales.
1. LAS CARACTERISTICAS DEL SEGUIMIENTO DE LOS DISCIPULOS
- En el origen de este grupo no existe una elección de los discípulos que deciden estar con un maestro de la Ley antes que con otro (como sucedía habitualmente), sino que aparece una llamada autoritativa por parte de Jesús. Baste pensar en las numerosas narraciones de «vocación» que nos traen los evangelios, y su significado que está resumido en el famoso lóghion de Jesús:
«No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Jn 15, 16)[1].
- El objetivo de este grupo es vivir con Jesús, y sobre todo compartir el ministerio que es -como sabemos- el de anunciar e instaurar el Reino, no tanto el de aprender una doctrina. Todo esto se expresa bastante bien en la descripción lapidaria de Marcos (referida propiamente a los doce, como después diremos):
«Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios» (Mc 3,13-15)
- Impresiona también la radicalidad de las condiciones que Jesús pide a estos discípulos para seguirlo: se expresan, por ejemplo, en algunos famosos lóghia:
«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mÍ. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida , la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 10, 37-39). .
«Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura» (Mt 6, 33).
Estas características expresan:
- la autoridad de Jesús (una autoridad que tiene un único paralelo en la tradición de Israel: la de JHWH, en el Antiguo Testamento, al elegir y llamar a los profetas;
- la urgencia escatológica por la instauración del Reino de Dios;
- la prioridad absoluta del «valor» Reino respecto a los demás valores.
2. UNA COMUNIDAD FRATERNA DE HOMBRES Y MUJERES
Además de estas características, en la comunidad mesiánica se pueden constatar dos novedades muy marcadas desde el punto de vista social.
a) La primera novedad es que se trata de una comunidad fraterna, es decir, de una comunidad de hermanos iguales que tiene su centro no autoritario en Jesús. Se vuelve del revés la clásica organización . de las relaciones interpersonales y sociales piramidal o patriarcal. Es una comunidad «sin padres», porque uno sólo es el Padre, Dios:
«Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo ( ... ). El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado» (Mt 23, 8-12).
Esto implica en particular un estilo de relaciones en el interior de la nueva comunidad, diverso del usual y también un modo de ejercer la autoridad como servicio por parte de los que son llamados a asumir un determinado encargo. Es lo que Jesús explica a los apóstoles, tras la petición que le hacen Santiago y Juan de sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda, en el Reino futuro:
«Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos» (Mc 10, 42-44)[2].
b) La segunda novedad consiste en que dentro de la comunidad mesiánica que se forma alrededor de Jesús hay mujeres, que reciben una identidad y una función diversa de la que tenían en la comunidad israelita, y en general, en las sociedades antiguas. De nuevo nos encontramos aquí con una inversión de la estructura tendencialmente machista de la sociedad. Esto es evidente tanto en la praxis de Jesús como en su doctrina. Veamos dos ejemplos.
- Mt 5,27-28:
«Habéis oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón».
En este dicho no es que Jesús asuma una posición de condena o de rechazo de la sexualidad, al contrario, quiere desenmascarar y rechazar la instrumentalización que el hombre puede hacer de la mujer como simple objeto de satisfacción para él.
- Mt 19, 3-9:
«y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: "¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?". El respondió: "¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo los hizo varón y hembra y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre".
Le dicen: "Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?". Díceles: "Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio"».
Encontramos aquí una referencia de Jesús al «principio», es decir, al Génesis, al proyecto de Dios sobre el hombre. Este principio creativo de Dios es superior -según ]esús- a la misma legislación mosaica que, para salir al encuentro de la «dureza de corazón» del hombre, ha codificado la posibilidad para el hombre-varón de repudiar a la mujer, alterando la reciprocidad fundamental de la relación hombre-mujer, tal como era efectivamente «en el principio».
También en la praxis de Jesús encontramos una actitud liberadora en relación con la mujer: baste recordar sólo los casos emblemáticos de la Samaritana (Jn 4), de la mujer «sorprendida en adulterio» (Jn 8, 3-11), Y de la «pecadora» perdonada en casa del fariseo (Lc 7, 36-50).
Finalmente, se puede ver en la experiencia de Jesús cómo algunas mujeres le siguen, le ayudan, participan en su misión (cf. Lc 8, 1- 3), son objeto de una comprensión particular por parte de Jesús (ellas, en el fondo, en la sociedad de aquel tiempo forman parte de los últimos). Tanto es así que, a su vez, parecen comprender a Jesús y mostrarse más perseverantes que los mismos apóstoles (como advertirá en el desenlace final de su vida: Mt 27,55; Jn 19,25) Tras la resurrección, la tradición testifica que la primera persona que recibe el don de la aparición de Jesús es la Magdalena, una mujer (cf. Jn 20,11-18).
LA COMUNIDAD MESIÁNICA COMO SIGNO E INSTRUMENTO DE LA LLEGADA DEL REINO Y LA ELECCIÓN DE LOS «DOCE»
Esta comunidad mesiánica que Jesús forma dentro de Israel es una comunidad que tiene como tarea la de dirigirse en primer lugar a Israel -al igual que hace Jesús-, para que redescubra y cumpla su vocación de pueblo de ]HWH. En otras palabras, no sólo el grupo de los discípulos debe ser la comunidad mesiánica de los últimos tiempos, sino que a través de él todo Israel debe llegar a serlo. Jesús se presenta como el pastor (cf. Mc 14, 27 par.; Jn 10, 1- 29; Mt 10, 16 par.) que ha venido a reunir y liberar a sus ovejas (Mt 15,24;Lc 15,4-7), y a convocar alrededor de él aquel «pequeño rebaño» (Lc 12, 32) que es signo e inicio de la renovación de Israel y de todas las gentes: en una palabra, de la llegada del Reino.
Como ilustración de este intento suyo, Jesús elige dentro de su grupo, a doce de ellos como símbolo de la renovación de Israel: doce habían sido los patriarcas, doce estos nuevos pilares de la comunidad. Hay un texto muy significativo de Mateo, donde se ilustra esta importante intención de Jesús.
«Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. ( ... ) A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: "No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca"» (Mt 10, 1-7)[3].
Entre los doce Simón, el hijo de Juan, asume desde el principio una posición particular: el mismo nombre «nuevo» que Jesús le impone, Kéfa, Pedro, indica que él tiene una función importante: ser una roca sobre la que será edificada la comunidad mesiánica[4].
Pero, ¿por qué los doce son sólo hombres? Hemos de contentarnos con simples hipótesis: quizá se puede decir que el primer significado de los doce es el de representar al nuevo Israel y probablemente, en la cultura del tiempo, no habrían tenido este significado simbólico si hubiesen participado también mujeres.
De todas formas, el proyecto mesiánico de Jesús encuentra fortísimas resistencias, por lo que se habla de una «crisis», de un momento de ruptura en el ministerio de Jesús:
- está la resistencia de la masa, de la gente más simple, porque el mensaje de Jesús, que en un primer momento cautiva a las multitudes, no responde después en realidad a las expectativas mesiánicas del pueblo, que repetidamente intenta hacer de Jesús su jefe y rey, deseo ante el cual él siempre se opone y se sustrae;
- y está la resistencia por parte del«poder oficial», que en esta etapa de Israel es tanto religioso como político, porque Jesús –al menos indirectamente-parece poner en crisis el status quo[5].
El verdadero problema que existe bajo estos dos tipos de resistencia es el de la identidad de Jesús: por una parte no corresponde a las exigencias mesiánicas del pueblo; por otra, es rechazada por el «poder oficial» porque parece exceder y contestar las características de la religión tal y como se había cristalizado en el Israel de aquel tiempo.
4. LA CRISIS DEL MINISTERIO GALILEO: CESAREA DE FILIPO
Todo esto lleva a una especie de cambio de marcha en el proyecto mesiánico de Jesús. Él se dirige en un primer momento -como hemos visto- a todo Israel a través de la comunidad mesiánica, para llegar a alcanzar después, por medio de él, a todas las gentes. Ahora Israel se resiste ante esta convocatoria; ¿qué debe hacer Jesús?
La expresión de esta crisis del ministerio galileo, que abre una nueva fase en la historia de Jesús, la encontramos en el famoso episodio de la confesión de Cesarea de Filipo:
«( ... ) por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?". Ellos le dijeron: "Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas". y él les preguntaba: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?". Pedro le contesta: "Tú eres el Cristo". Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro diciéndole: "¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres"» (Mc 8, 27-33).
Jesús se dirige a los doce -que, por medio de Pedro, lo han reconocido expresamente como el Mesías prometido- y realiza una doble operación:
- se compromete a una formación más precisa y más cercana de este grupo, para introducirlo más profundamente en su mensaje;
- de esta forma introduce progresivamente a los doce en el significado de su destino de Mesías perseguido y matado.
En el párrafo reseñado, de forma muy drástica, se pone de manifiesto el contraste entre Pedro y Jesús: la idea mesiánica de Pedro es todavía la del Mesías glorioso y terrestre[6]. Jesús lo recrimina y lo introduce en un mesianismo que está profundamente marcado por la experiencia del siervo sufriente de JHWH.
Para proseguir nuestra reflexión hemos de poner de relieve en este momento dos temáticas muy importantes: el conflicto entre Jesús y el establishment socio-religioso de Israel, y el interrogante sobre la identidad de Jesús.
[1] Cf. los «relatos de vocación» contenidos, por ejemplo, en Mc 1, 16-20; 2, 13- 14; Jn 1, 35-51; etc.
[2] Cf. Mt 20, 20-28; Lc 22, 25-27.
[3] Es interesante destacar que Jesús, para formar la comunidad apostólica de los doce, eligió personas muy distintas entre sí, hasta el punto de representar casi todas las tendencias divergentes de Israel en aquel tiempo. Desde Pedro a Andrés, desde la clase medio-baja, a un publicano (pecador público por su trabajo de cobrador de impuestos que, además de aprovecharse económicamente de su profesión, lo unía estrechamente al poder extranjero) como Leví-Mateo, que por su oficio pertenecía a la clase acomodada; desde un «verdadero israelita» de sana tradición como Natanael a un zelota como Simón y quizá también Judas; hasta Santiago y Juan, de familia acomodada y con amistades en la casa del Sumo Sacerdote,
[4] Los textos más importantes que presentan en los evangelios la figura y la función de Pedro son los siguientes: Mt 16, 16-19; Lc 22, 31-32; Jn 1,40-42; Jn 21, 15-17
[5] Un signo del sufrimiento de Jesús a causa de la resistencia y el rechazo de Israel , expresa, por ejemplo, en el famoso lamento que él pronunciará sobre Jerusalén, y que recuerda la experiencia de ]HWH con el pueblo elegido en el Antiguo Testamento: Jerusalén, Jerusalén!, (,,,) ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido!» (Lc 13,34; cf. 19,41-44).
[6] En el reproche que Jesús hace a Pedro, es evidente el rechazo de Jesús ante aquellas «tentaciones» falsamente mesiánicas, que él había superado ya al inicio de su ministerio,




Comentarios sobre El anuncio de Jesús de Nazaret: La llegada del Reino 3ª parte
gracias