Usuario anónimo ¿Quieres tener tu propio blog?
Crear blog gratis en OboLog

Cristología indirecta

por Romen
miércoles, 12 de noviembre del 2008 a las 02:24
guardado en

QUIÉN FUE, EN DEFINITIVA, JESUS DE NAZARET?

Cada grupo cultural -palestinenses, judeo-cristianos en la diáspora, cristianos helenistas, etc.- utilizó los títulos más nobles y lo mejor que poseían sus respectivas culturas para expresar la profundidad que se escondía en la autoridad, el buen sentido y la fantasía creadora de Jesús. En el presente capítulo analizamos cómo el proceso cristológico ha procurado y procurará siempre, ayer y hoy, situar a Jesús dentro de la totalidad de la vida humana, tal como es vivida y comprendida por los hombres en la historia.

La Resurrección de Jesús, su glorificación y exaltación junto a Dios, suscitaron la pregunta fundamental: ¿Quién es, en definitiva, Jesús de Nazaret? ¿Cuál fue y cuál es su función en la historia de los hombres? Todo el Nuevo Testamento constituye, en gran parte, un intento de responder adecuadamente a esta pregunta que la Resurrección sitúa en toda su radicalidad. La comunidad primitiva utilizó más de 50 nombres, títulos o denominaciones para definir quién es Jesús:

el título Cristo es empleado cerca de 500 veces;

el de Señor, 350 veces;

Hijo del Hombre, 80 veces;

Hijo de Dios, 75 veces;

Hijo de David, 20 veces, y así sucesivamente.

A Jesús se le denomina con nombres que van desde los más humanos (maestro, profeta, el justo, el bueno, el santo) hasta los más sublimes (Hijo de Dios, Salvador), llegando incluso a calificarle con el nombre de Dios mismo. En el espacio de 30 años después de su muerte, se le atribuyeron todos los títulos de honra y gloria, humanos y divinos, existentes o imaginables dentro del Imperio Romano.

Ese proceso de desciframiento del significado y la realidad de Jesús de Nazaret lo denominamos Cristología. La Cristología, hoy como ayer, constituye un ininterrumpido intento por determinar quién es Jesús y lo que él significa para la existencia humana. El proceso cristológico no comenzó  propiamente con la Resurrección. Ya con anterioridad a la muerte y la glorificación de Jesús los Apóstoles y los demás judíos se preguntaban quién era y qué pretendía. A partir de la Resurrección, sin embargo, nace una Cristología explícita[1]. Existe, por lo tanto, una continuidad en la Cristología, del mismo modo que existe continuidad entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, porque Aquél que murió y fue sepultado es el mismo que el que resucitó. Lo que en tiempos del Jesús histórico estaba latente e implícito se hizo patente y explícito con la Resurrección. Ahora bien, si el proceso cristológico, como intento de descifrar quién es Jesús, había comenzado ya en la época de su actividad terrena, ¿cuáles fueron los indicios y fenómenos que desencadenaron la reflexión sobre Jesús?

 

1. La soberanía de Jesús: La Cristología indirecta

Ya hemos reflexionado anteriormente sobre el extraordinario buen sentido de Jesús, su singular fantasía creadora y su originalidad. Jesús se presentó como alguien que, de cara a las tradiciones religiosas de su pueblo y de cara a la situación social vigente, se comportaba con una excepcional soberanía.

Hablaba con Dios y sobre Dios de un modo que sus compatriotas consideraban blasfemo (Mc 2, 6; Jn 5, 18; 10, 30-39 passim).

Asume unas actitudes propias únicamente de Dios, como perdonar pecados y modificar la sagrada ley de Moisés (Mc 2, 7; Lc 7, 49; Mc 7, 1 ss.; Mt 5, 21-48).

Predica el Reino de Dios como liberación total del hombre con respecto al pecado, al sufrimiento y a la muerte. Se siente tan identificado con el Reino, que hace depender la posesión del mismo de la adhesión que se preste a su persona (Lc 12, 8-9).

A los discípulos a quienes llama en su seguimiento a fin de anunciar junto con Él el Reino y preparar al pueblo (Mc 1, 17 par; 3, 14-15; 6, 7-13; Lc 9, 1-6; 10, 1-20) les plantea una serie de rigurosas exigencias:

rompimiento de todos los lazos humanos (cf Lc 14, 26; 9, 59-62),

sacrificio de la propia vida (Lc 14, 27; Mt 10, 38; Mc 8, 34)

y renuncia a los bienes de la tierra (Lc 14, 33; Mc 6, 8-10).

Esa llamada al seguimiento supone ya una fe en la persona y en las intenciones de Jesús. Se patentiza también aquí el carácter específico de Dios.

En su presencia se modifican las estructuras del mundo viejo:

las dolencias quedan curadas (Mt 8, 16-17),

la muerte es vencida (Lc 7, 11-17; Mc 5, 41-43),

los elementos de la naturaleza le obedecen (Mt 8, 27)

 los demonios impuros ceden su lugar al espíritu de Dios (Mt 12, 28).

 

Ante Jesús todo el mundo se admira y se pregunta: «¿Quién es este?» (Mt 21, 10).

a) La admiración como antesala de la filosofía y de la Cristología

La tradición Filosófica de los griegos insistió siempre en que el origen y la pasión fundamental de la filosofía consiste en la capacidad de admiración. Admirar algo o a alguien es captar la luz que brilla y resplandece en la cosa o persona admirada. Es dejarse absorber por el objeto sin pretender encuadrarlo inmediatamente en un esquema ya hecho. Y precisamente porque no puede encuadrarse dentro de unas categorías ya existentes, sino porque surge con toda su naturalidad y originalidad, es por lo que algo puede causarnos admiración.

Jesús fue un ser que causó una enorme admiración, porque rompía todos los esquemas de interpretación existentes.

Siendo aún un niño de doce años, «todos los que le oían estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2, 47).

La primera vez que aparece en público en la sinagoga de Nazaret, la gente «decía maravillada: '¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero?... ¿de dónde le viene todo esto?'» (Mt 13, 54-56; Mc 6, 2-3; Lc 4, 22; Jn 6, 42).

Del mismo modo, cuando predica en la sinagoga de Cafarnaún, «quedaron asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (Mc 1, 22; Lc 4, 32).

Al terminar el sermón de la montaña, «la gente quedó asombrada de su doctrina» (Mt 7, 28). Otros exclamaban: «¡Jamás vimos cosa parecida!» (Mc 2, 12). «Hoy hemos visto cosas increíbles» (Lc 5, 26). «Jamás se vio cosa igual en Israel» (Mt 9, 33).

Al calmar la tempestad en el mar, los discípulos exclaman admirados: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?» (Mt 8, 27; Mc 4, 41 ; Lc 8, 25).

Su fama se difunde por todas partes (Lc 4, 3 7) y llega a otros lugares ajenos a Palestina, como Siria (Mt 4, 24). De Idumea, de Tiro y de Sidón acudían personas a oír y a ver lo que hacía (Mc 3, 7-8; Lc 6, 17-18a).

La admiración llega al extremo de provocar pavor y sobrecogimiento (Lc 8, 37; Mc 5, 15; Mt 9, 8; Mc 4, 41). ¿Quién es éste?

 

La admiración que las palabras y el comportamiento de Jesús despiertan, encierran ya implícitamente una Cristología. Jesús es consciente de que, en él, está ya realizándose la proximidad del Reino de Dios. El está abierto a todos: a los pecadores públicos, como los publicanos con quienes come; a los guerrilleros zelotes, tres de los cuales pertenecen al grupo de los Doce; a los observantes de la ley, como los fariseos; a las mujeres, a los extranjeros y a los niños. Con ello demuestra que Dios ama a todos y a todos convida al banquete escatológico (Mt 9, 10-13; Lc 15,1-10)

b) Cristología negativa

Son muchos los que se admiran de la soberanía de Jesús, pero, como a menudo refieren los Evangelios, también «se escandalizaban a causa de él» (Mt 13, 57). Y dicen:

No pasa de ser un carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón (Mc 6, 3).

¿Cómo puede arrogarse algo que únicamente compete a Dios? (Mc 2, 7; 14, 64).

Además hace cosas que prohibe la ley, como caminar en día de sábado, recoger espigas y curar a los enfermos (Mc 2, passim).

Tanto él como sus discípulos no son penitentes, a diferencia de los discípulos de Juan el Bautista (Mc 2, 18).

Come con los pecadores y es amigo de los publicanos, a los que se considera aliados de las fuerzas de ocupación romanas y, consiguientemente, son odiados por el pueblo (Mc 2, 16).

Es un comilón y un borracho (Mt 11, 19),

un blasfemo (Mc 2, 6),

un poseso (Mc 3, 22)

y un subversivo, pues prohibe pagar los impuestos al César y se considera un jefe político-revolucionario (Mesías-Rey: Lc 23, 2).

Sus parientes intentan llevárselo a casa, pues decían: «Está fuera de sí» (Mc 3, 20),

es un impostor (Mt 27, 63)

y, lo que es peor, un hereje (samaritano: Jn 8, 48)

y un poseído por el demonio (Mt 12,24-32; Lc 11,15-22). 

Esta Cristología negativa fue elaborada por los adversarios de Jesús que se escandalizaban a causa de sus actitudes soberanas, liberadoras y profundamente humanas, pero que originaban un constante conflicto con el status quo religioso y social, autosuficiente y denigrador de cualquier novedad.

 

c) Cristología positiva

 

Sin embargo, había otros muchos que se admiraban y, al mismo tiempo, percibían la originalidad de Jesús. ¿Cómo calificarle? ¿Qué nombre darle? Y comienzan por llamarle 

médico (Hech 2, 22; Lc 5, 17; Mt 8, 16)

y, más tarde, rabbí (rabino, maestro: Mc 9, 5; 11, 21; Mt 26, 49).

Sin embargo, al contrario que los demás rabinos, Jesús no es un biblista que trate de, fundamentar teológicamente sus afirmaciones en textos bíblicos .

«Enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (Mt 7, 29).

De los rabinos de entonces ¿quién hablaba con aquella soberanía que prescindía de todo tipo de exégesis e interpretación de la ley, para limitarse simplemente a redargüir

«Han oido que se dijo a los antepasados... pero yo les digo ... » (Mt 5, 21 ss.), con lo cual, o racionalizaba aún más la prohibición

de matar (Mt 5, 21-26),

de cometer adulterio (Mt 5, 27- 30)

y de jurar (Mt 5, 33-3 7),

o bien abolía pura y simplemente las determinaciones legales

sobre el divorcio (Mt 5, 31-321

la venganza (Mt 5, 38-42)

o el odio a los enemigos (Mt 5, 43-48)?

Su modo de hablar recuerda mucho el modo de hablar de un profeta. Y, de hecho, se le calificó muchas veces de profeta:

«¿Quién es éste?», se preguntaba toda la ciudad de Jerusalén.

«Y la gente respondía: 'Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea'» (Mt 21, 1 1; Lc 24, 19; Mt 21, 46; Mc 6, 15; 8, 28; 14, 65).

El propio Jesús se considera a sí mismo inserto en la línea profética (Mc 6, 4; Lc 13, 33), pero es consciente de que va mucho más,

«aquí hay algo más que Jonás » (Mt 12, 41),

porque «la ley y los profetas llegan hasta Juan» (Lc 16, 16; Mt 11, 12-13).

Jesús, al contrario que los profetas anteriores a él, no legitima nunca su vocación profética (cf Am 6, 14; Is 1, 24); jamás apela a visiones o voces venidas de lo alto. Sus palabras se sustentan por sí mismas, y él actúa como si él mismo fuese la última instancia.

¿Quién es Jesús? ¿Qué título puede expresar adecuadamente su autoridad, su soberanía y su buen sentido?

¿Tal vez el de hijo de David (Mt 9, 27; 15, 22; 20, 30; 12, 23; 21, 9)? Según el testimonio de la tradición de la Iglesia primitiva, Jesús pertenecía al linaje de David (Rom 1, 3; Mt 1,1-17; Lc 3, 23-38). Pero él jamás concedió importancia a este hecho. Las esperanzas del pueblo imaginaban que el rey-liberador político había de ser un hijo de David. Jesús, sin embargo, rechaza semejante mesianismo  y, a su vez, replica: «Si el mismo David le llama Señor (al Mesías liberador), ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?» (Mc 12, 37).

¿Quién es Jesús? ¿Pueden los hombres responder esta pregunta? ¿Podrá hacerlo tal vez el propio Jesús?

2. Jesulogía: ¿Cómo se concebía Jesús a sí mismo? 

¿Cómo se concebía Jesús a sí mismo? ¿Qué títulos emplea para referirse a sí mismo? Debemos aquí distinguir claramente entre la conciencia que de si mismo y de su misión tenía Jesús y las formas en que lo expresó.

Hijo de Dios

Es indudable  que Jesús, al menos al final de su vida, poseía una nítida conciencia de que su persona era determinante para la irrupción del Reino, y de que él se hallaba en una relación única con Dios. Quien llama a Dios «Abba-Padre», es porque se siente hijo suyo. Sin embargo, el Jesús de los Sinópticos jamás empleó directamente la expresión «Hijo de Dios». Unicamente los demonios (Mc 3, 1 1; 5, 7), las voces celestes que se oyen en el bautismo y en la transfiguración (Mc 1, 11; 9, 7) y Pedro en su profesión de fe -considerada como una revelación de Dios (Mt 16, 16)- afirman que Jesús es Hijo de Dios. Las gentes que se burlan de él al pie de la cruz atribuyen a Jesús el haber afirmado: «Soy Hijo de Dios» (Mt 27, 43), pero esto es, evidentemente, un añadido del evangelista Mateo.

Dos veces, no obstante, emplea el propio Jesús la expresión absoluta de 'Hijo' (Mc 13, 32; Mt 11, 27):

«Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre»;

«todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Este título expresa, por un lado, la soberanía del Hijo y, por otro, su obediencia y su sumisión al Padre, como se desprende claramente de la oración de acción de gracias (Mt 11, 25 ss.). Sin embargo, este título no poseía para la tradición judaica la menor significación mesiánica.

San Juan llegará a asumirla y tematizarla, mostrando cómo precisamente en esa relación íntima del Hijo con el Padre residió la oposición del judaísmo contra Jesús (Jn 5, 18; 10, 30 ss.; 19, 7).

Pero esto ya no es jesulogía, sino Cristología; es una reflexión sobre Jesús que se hace a la luz de la Resurrección, y no tanto expresión de su autoconciencia. Nosotros creemos que su profunda experiencia del Padre, y de su correspondiente filiación, constituían el fundamento de la conciencia de Jesús de ser el Enviado y el Inaugurador del Reino de Dios. Para expresar esta experiencia religiosa, Jesús no usó el título de 'Hijo de Dios'. Pero este mismo hecho sirvió de fundamento a la comunidad primitiva para llamarle con razón 'Hijo unigénito de Dios.

La intimidad con el Padre le autoriza a hablar y actuar en el lugar de Dios. Para expresar esta su conciencia, parece ser que Jesús no asumió ninguna de las representaciones mesiánico-escatológicas comunes al judaísmo y a las esperanzas de liberación del pueblo. Jesús era demasiado sencillo, soberano, original y vinculado a las clases humildes y a los desclasados sociales como para autocalificarse con títulos de honra y hasta de excelencia divina. Jesús no vino a predicar al Mesias, al Cristo,  al Hijo de Dios, sino a dar vida, con palabras y hechos, al Hijo de Dios, al Cristo y al Mesías. Aquí reside el significado del llamado 'secreto mesiánico' del Evangelio de Marcos. Será tarea teológica y cristológica de la Iglesia primitiva descubrir, a la deslumbrante luz de la Resurrección, al Dios y al Mesías que se esconden tras las actitudes de Jesús. No porque la comunidad llame a Jesús 'Hijo de Dios' y 'Cristo' va a serlo, sino que, porque lo es de hecho, puede llamárselo con toda razón la comunidad

Hijo del hombre

Y estas mismas reflexiones valen también por lo que se refiere al título de Hijo del Hombre, que en los Sinópticos aparece casi exclusivamente en boca de Cristo. Hay tres tipos de empleo de este título:

a) el primero es cuando habla Jesús del Hijo del Hombre en el sentido de las esperanzas apocalípticas y dice que El ha de venir sobre las nubes, haciendo siempre la distinción entre el yo de Jesús y el Hijo del Hombre (Mc 8, 38; 13, 26; 14, 62; Mt 24, 27, 37, 39, 44). El Hijo del Hombre es alguien diferente de Jesús.

b) En un segundo grupo de pasajes habla Jesús del Hijo del Hombre no en un contexto de parusía triunfal, sino de sufrimiento, muerte y resurrección del Hijo del Hombre (Mc 8, 31, 9, 31; 10, 33-34). Ya hemos indicado anteriormente que esos pasajes y profecías sobre la muerte y la resurrección no parecen haber sido pronunciados por Jesús, porque presuponen ya la Pasión y la Pascua hasta en sus más mínimos detalles, sino que habría sido una elaboración cristológica de la comunidad creyente para explicar el sentido redentor de la muerte de Cristo.

c) Hay todavía un tercer grupo de pasajes en los que no se habla de los sufrimientos ni de la parusía del Hijo del Hombre, sino de su poder para perdonar los pecados (Mc 2, 10), de su soberanía frente al sábado (Mc 2,28), de su libertad para mantener amistad con los marginados y los pecadores (Mt 11, 19), o de su condición como de apátrida, que no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8, 20). Como han observado competentes e ilustres exegetas, también en estos pasajes se puede detectar la labor cristológica de la Iglesia primitiva que ya había identificado al Hijo-del-Hombre-con-poder, del capítulo 7 de Daniel, con el Jesús histórico. El poder del Jesús histórico y su libertad frente al status social y religioso se deben al hecho de que El es ya el Hijo del Hombre exaltado a la diestra de Dios, si bien bajo una apariencia humilde y escondida.

Es también bastante improbable que Jesús haya usado para sí el título de Hijo-del-Hombre-viniendo-con-poder-sobre-las-nubes. No hay ninguna afirmación de Jesús que pretenda establecer la relación entre su existencia terrena y su figura de juez universal. De lo que sí habría hablado Jesús es del futuro del Hijo del Hombre, pero en tercera persona.

Sin embargo, como perfectamente atestiguan Mc 8, 38 y Lc 12, 8-9, estableció una íntima relación entre él y el Hijo del Hombre:«Todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios».

Debido a la Resurrección, la comunidad primitiva tuvo motivos para identificar a Jesús con el Hijo del Hombre, hasta el punto de que, en muchos pasajes, la expresión 'Hijo del Hombre' sustituye al pronombre yo (Mt 16, 13; Mc 8, 27), o viceversa (Mt 10, 32; Lc 12, 8-9; Mc 8, 38). A causa de la Resurrección, las palabras del Jesús histórico acerca del Hijo del Hombre pudieron ser entendidas como palabras acerca de sí mismo, con lo que se estableció un puente entre la jesulogía y la Cristología: el título de 'Hijo-del-Hombre-con-poder', reinterpretado, puede mostrar la continuidad entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, entre el Hijo del Hombre que en su vida terrena permaneció encubierto y el Hijo del Hombre que, mediante la resurrección y la exaltación a la derecha de Dios, se reveló en todo su esplendor.

Mesias o Cristo

Lo mismo podemos decir del título de Mesías o Cristo. El análisis crítico de los textos no permite afirmar que Jesús utilizara para sí semejante título, que en aquella época se representaba fundamentalmente de tres modos: el Cristo (ungido, salvador) habría de manifestarse

-o como un rey-liberador político,

-o como un sumo sacerdote de la casa de Aarón,

-o como el Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes con poder.

Por lo que se refiere a su origen, el Mesías o Cristo no es una figura sobrenatural, sino sencillamente un liberador terreno.

Pero Jesús se distancia de estas imágenes; él posee, ciertamente, la conciencia de ser el liberador de la condición humana, pero evita usar títulos que puedan objetivarle únicamente como liberador político rival del Emperador Romano. La confesión de Jesús ante el Sanedrín (Mc 14,62) expresa la fe de la comunidad primitiva en Jesús como Cristo y como el único y verdadero liberador esperado. La confesión de Pedro (Mc 8, 29), “Tú eres el Cristo”, en los términos en que viene expresada, no parece haber sido un hecho histórico. Pedro, en nombre de la comunidad eclesial constituida tras la Resurrección, de la cual es jefe, expresa la fe común a todos: Tú eres el Cristo. Este título se convirtió después en nombre, de suerte que el término Jesu-cristo expresa a un tiempo la realidad del Jesús histórico y la del Cristo de la fe. Es un nombre que sugiere ya la continuidad entre la jesulogía y la cristología.

Lo importante es comprender que los títulos de alteza y de divinidad atribuidos a Jesús no pretenden fundamentar la autoridad y la soberanía mostradas por Jesús en su vida terrena. Antes al contrario, intentan descifrar y explicar esa autoridad y esa soberanía. ¿Por qué actuó él de ese modo? ¿De dónde le venía tanto poder?  ¿ Por qué es Profeta? ¿Por qué es Hijo de David, Hijo del Hombre y Mesías? Ningún título conseguía expresar la radicalidad del buen sentido, de la fantasía creadora y la soberanía de Jesús. No fueron los títulos los que dieron origen a esa autoridad, sino la autoridad la que dio origen a los títulos. Sin embargo, ninguno de ellos consigue expresar plenamente la riqueza de la figura de Jesús, ante el cual todos, hasta los demonios, se admiraban. ¿Quién eres tú en definitiva, Jesús de Nazaret?


[1] LAS TRES DIMENSIONES ESENCIALES DEL MISTERIO DE CRISTO

La profundización del misterio de Cristo, que acontece en la Iglesia, y que es testimoniada por el Nuevo Testamento, precisamente porque está en directa e inmediata relación con el evento de Cristo y con el don del Espíritu, es un conocimiento de tipo fundante, originario y de valor permanente. Por esto, los escritos del Nuevo Testamento son, para la Iglesia, «canónicos»: poseen valor normativo, en cuanto que nos permiten acceder en verdad al evento-jesucristo (junto a los textos del Antiguo Testamento, serán reconocidos como tales hacia el final del s. 11 d.C.). De este modo, en el núcleo originario de la fe cristiana, entran a formar parte tres elementos fundamentales:

a)     el evento histórico de Jesús de Nazaret

b)      el evento pascual de muerte y resurrección;

c)       la sucesiva penetración en la profundidad del misterio de Cristo realizada por los apóstoles y por la comunidad primitiva

Para comprender plenamente a Jesús no basta con referirse al Jesús histórico, sino que se necesita ver la conclusión de su historia y de su proyecto mesiánico en el evento pascual, que se convierte en la clave de todo, arrojando luz sobre el mismo significado de la existencia y del anuncio de Jesús.

Pero no basta ni siquiera esto, es necesario aquel tercer elemento que es la penetración en la profundidad del misterio de Cristo, que nos es testimoniada también por el Nuevo Testamento. Sucesivamente, a partir del Nuevo Testamento, la experiencia de la Iglesia será una posterior profundización, continua, de este núcleo permanente de verdad (la que se define en términos técnicos como la evolución dogmática).

 

LINEAS BIBLICAS DE PROFUNDIZACIÓN DEL MISTERIO TOTAL DE JESUCRISTO

 

Para observar cómo se da esta profundización, podemos diseñar al menos seis líneas, que corresponden a otras tantas dimensiones del misterio de Cristo, desplegadas en su Pascua. -

1. La primera línea nace de la respuesta a esta pregunta: después de la resurrección de Cristo, ¿qué hay del futuro de la promesa, del cumplimiento del Reino anunciado por Jesús, del retorno del Hijo del Hombre como juez escatológico? Esta primera dimensión es la dimensión escatológica del misterio de Cristo.

2. La segunda línea es el tema de la divinidad de Cristo que se expresa a partir de esta pregunta: ¿cómo es posible que Jesús de Nazaret, que ha resucitado, y que como resucitado es el Señor, haya alcanzado ahora tal altura, si ya antes no estuviese al nivel de Dios? Este es el problema de la protología: ¿qué era de Cristo «en el principios (próton), antes de su venida a la historia? ¿En qué relación está con Dios, con la creación, con el proyecto universal de salvación? 

3. La tercera línea considera un problema ulterior: una vez que se revela plenamente que Cristo es el Hijo de Dios, ¿cómo y por qué viene a la historia? Y, ¿por qué realiza el proyecto del Padre en la humillación de la vida terrena, de la muerte y de la muerte en cruz? Es el problema de la encarnación, la dimensión soteriológica (=de salvación) del misterio de Cristo.

4. De aquí vamos a otra pregunta de no poca importancia y de no poca dificultad. ¿cuál es la imagen de Dios que implica la venida de Cristo, su muerte en la cruz, el don del Espíritu? Si Jesús es Hijo de Dios, Él mismo Dios, ¿cuál es su relación con el Padre? Y el Espíritu, ¿quién es? En sentido técnico es el problema teológico o trinitario.

5. Un problema posterior es: si Dios es esto (= Trinidad, por usar el término técnico que irá imponiéndose), como va comprendiendo progresivamente la fe de la Iglesia, ¿quién es el hombre? ¿En qué sentido Jesús es el nuevo Adán (Pablo), la realización plena del proyecto de Dios sobre la humanidad? Esta es la dimensión antropológica del misterio de Cristo.

6. Queda, por último, otra dimensión: ¿Cómo Cristo, que es el éschatos, y que es al mismo tiempo el prótos (el proyecto de Dios), que nos ha redimido, está presente ahora en la historia del hombre? ¿Cómo la guía, la orienta y se hace presente en ella? Es el tema eclesiológico, pero también sacramental, e histórico-cósmico..

Como es evidente, no es posible examinar y desarrollar aquí todas estas dimensiones. Nos detendremos sólo en las tres primeras, que afectan más directamente al misterio de Cristo; haremos después una alusión al menos a la dimensión teológico-trinitaria (porque no es posible hablar de Jesús como Hijo de Dios, sin  hablar del Padre y del Espíritu Santo), remitiendo los otros temas a un estudio posterior.

Relacionados con Cristología indirecta

Deja tu comentario sobre Cristología indirecta

Deja tu comentario
Necesitas tener javascript activado para poder dejar comentarios

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

De esta forma, además, podrás mostrar tu imagen en los comentarios y no tendrás que rellenar tus datos cada vez.

Sobre esta anotación

Romen

Romen escribió esta anotación hace 12 meses. En ella habla sobre Cristologia.

Aún no hay ningún comentario.

Tu podrías dejar el primero.

Login

Comentarios

EL anuncio de Jesús de Nazaret: La llegada del Reino 2ª parte (TAMAAAARA!K)
Muy Bxeno me enkantooooooooooooooooooooooo a ke leeeeeeeeendo...(03 jul)
La resurrección de Jesús (2º) (ricardo1)
Es este un Documento extraordinario; muy bien documentado, que no ha dejado de tocar ninguno de los ......(26 jun)
El anuncio de Jesús de Nazaret: La llegada del Reino 3ª parte (maira)
esta super mmmmmmmmmmmmmmmm...(04 abr)
EL anuncio de Jesús de Nazaret: La llegada del Reino 2ª parte (Marco)
Buenos comentarios y análsis. Sin embargo, me da la impresión de que no se concluye ninguna ......(24 feb)
El anuncio de Jesús de Nazaret: La llegada del Reino 3ª parte (Anónimo)
gracias...(11 ene)

Más comentados

EL anuncio de Jesús de Nazaret: La llegada del Reino 2ª parte (3)
El reino de Dios como llegada de la salvación El anuncio de Jesús es evangelio, es decir, buena ...
El anuncio de Jesús de Nazaret: La llegada del Reino 3ª parte (3)
IlI. CONVOCACIÓN DE LA COMUNIDAD MESIÁNICA (de P.Coda,  op.cit.) Existe un dato fundamental en la ...
La resurrección de Jesús (2º) (1)
III. EL SIGNIFICADO DE LA RESURRECCIÓN La primera constatación que realizamos es que la ...
Los Evangelios. Y ustedes, quien dicen que soy (0)
La formación de los evangelios[1] Los evangelios son los libros de la Biblia más conocidos para la ...
El problema del Jesús histórico y el Cristo de la fe (0)
Jesús de Nazaret y la historia[1] •1.     Jesús y la historia[2] Una grave cuestión previa se ...

Suscripción

Suscríbete al Feed RSS XML

También puedes suscribirte directamente con alguno de los siguientes enlaces:

  • Suscríbete en Bloglines
  • Suscríbete en Google