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El marco socio religioso en la época de Jesús 2ª Parte

por Romen
lunes, 15 de septiembre del 2008 a las 23:19
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Los herodianos

Si los evangelios no hablan de los esenios, citan a veces a los herodianos (vgr. Mc 3, 16; 12,3; Mt 22,16), desconocidos por otra parte. Es cierto que Herodes el Grande, luego Antipas en Galilea y los dos Agripa no pudieron reinar sin tener un grupo de partidarios y de amigos que vivían probablemente como sus príncipes, al estilo judío en Palestina y como romanos fuera de ella, en la corte y en su vida privada. Seguramente se mostraban muy atentos a todo cuanto pudiera ser (o parecer) un movimiento mesiánico, capaz de comprometer su poder.

Este grupo se opone a Jesús. No se sabe bien a quiénes representa:

·       Los judíos partidarios de Herodes el Grande, muy activos al comienzo de s u reinado; opuestos a los zelotes

·       El grupo de admiradores de Herodes el Grande (que casi lo consideraban como mesías), quizá los esenios menos estrictos que se acomodaban a la política de Herodes

·       Los partidarios y agentes de Herodes Antipas

·       Más probablemente, el grupo de saduceos partidarios de Herodes elk Grande que permanecieron fieles a su familia; Herodes supo ganárselos

 

Los escribas.

No muy numerosos, pero con un peso social de primer orden, los escribas podrían situarse al lado de los ancianos. Pero como se reclutan tanto entre los ancianos, como entre los sacerdotes y los jornaleros, no ocupan una clasificación social concreta. La mayoría son laicos.

Son esencialmente los especialistas de la ley, se espera de él que sea el guía espiritual de la gente, que interiorice cada vez más la fe en Dios y enseñe a cumplir cada vez mejor su voluntad. Al escriba se le tiene como un hijo espiritual y un sucesor de los antiguos profetas, que Dios no acaba de enviar ahora; están convencidos de que se ha acabado el tiempo de los profetas, hasta que llegue el profeta mesiánico de los últimos tiempos. (El título de profeta concedido a Juan Bautista o a Jesús significa entonces, para los judíos del siglo 1, que se ha entrado en los últimos tiempos).

Su conocimiento de las escrituras y su competencia jurídica convertían a los escribas en personajes indispensables para los diversos consejos y tribunales; sin ellos, sería imposible desbrozar con equidad los casos difíciles. Por esta competencia y por las circunstancias políticas (cf. p. 52) había numerosos escribas en el sanedrín durante el siglo 1. Sus ideas, apoyadas en una fe profunda que animaba su vida moral, los colocaban más bien al lado de los fariseos, que se sentían felices de encontrar en ellos gente segura en el aspecto doctrinal. Por tanto, había relaciones estrechas entre estos dos grupos, aunque no se les identificaba; también había escribas saduceos e independientes.

En una sociedad judía donde parece estar ya definitivamente fijada toda la estructura social, determinada por el nacimiento (sacerdote y no sacerdote, judío puro o bastardo, familia rica o pobre), los escribas son la prueba de que es posible una promoción social: Hillel empezó como mendigo y se convirtió en uno de los personajes más célebres de Israel; hubo otros con mezcla de sangre, lo cual no les impidió tener una carrera prestigiosa e imponerse incluso a los reyes. En adelante, las cualidades personales valen tanto o más que la herencia.

Los escribas fariseos llegarán incluso más lejos: esforzándose por extender a todo el pueblo las reglas de pureza que estaban primitivamente reservadas a los sacerdotes en ejercicio, suscitaron una gran esperanza en las masas: también ellas podían estar cerca de Dios con todo lo que esto significa. Al insistir en la relación interior con Dios y en una vida conforme con la fe, más que en el culto propiamente dicho, los escribas preparan sobre todo a Israel para la ( desaparición del templo y del sacerdocio. Después de la catástrofe del año 70 p.C., se convirtieron naturalmente en los jefes del pueblo elegido y el sacerdocio dejó su lugar al rabinismo. Todo este movimiento se va fraguando y haciendo fecundo en la época evangélica.

Pero no es escriba todo el que quiere; se necesitan largos estudios, un conocimiento perfecto de la ley y de todas las tradiciones orales, entre las que hay algunas esotéricas, reservadas a los estudiantes más seguros; se necesita además rectitud de juicio, reconocida por los demás escribas. ¿Se necesitaba quizás también una «ordenación»? Era obligatoria en el siglo II p.C. y se confería a los 40 años. Cuando uno es oficialmente escriba o doctor de la ley, tiene derecho a un vestido especial, signo de la dignidad adquirida; ocupa la presidencia en casi todas las reuniones y es saludado respetuosamente por todos: cuando pasa un escriba por la calle, es normal dejar de trabajar y volverse para saludarle.

De este modo, el escriba es honrado lo mismo que el sumo sacerdote, o quizá más ... , pero sus honorarios no son los mismos. Lo mismo que Dios dio gratuitamente su ley a los hijos de Israel, también el escriba tiene que dispensar gratuitamente su enseñanza y sus consejos. Pero tenían que vivir, y por eso se les daba una retribución igual a la que habrían ganado ejerciendo su oficio habitual, durante el tiempo que se utilizaban sus servicios. Como en general su oficio es humilde, los honorarios también lo son, pero esto no excluía los pequeños regalos que acabaron proporcionando una buena situación a los escribas famosos de mayor edad.

Los Samaritanos

Aunque no pertenecen propiamente hablando al judaísmo ni constituyen una secta judía, los samaritanos tienen que ser considerados como una comunidad caracterís­tica del ambiente palestino de aquella época.

Se les podría caracterizar a la vez por su proximidad y su oposición al judaísmo. Tanto y más todavía que los judíos, los samaritanos son los hombres de la ley, representada por los cinco libros del Pentateuco; siguen sus prescripciones con todo rigor en lo que atañe, por ejemplo, a la circunci­sión, al sábado y a las fiestas. Su liturgia y su literatura religiosa celebran al Dios único, a su intérprete Moisés, la liberación de Egipto y la revelación del Sinaí. Pero, por otra parte, se manifiesta una divergencia fundamental con los judíos en el hecho de que rechazan los demás libros del A.T. y sobre todo en su negativa a reconocer a Jerusalén como metrópoli religiosa y al templo de Salomón como santuario central.

Para ellos, el verdadero santuario de la tierra santa y el único lugar de culto legítimo es el monte Garizín, que se eleva sobre la ciudad de Siquén. En la cumbre de esta montaña es donde celebran las grandes fiestas, especial­mente la pascua según el ritual de Ex 12. El Garizín, lugar de la bendición según Dt 11, 29 Y 27, 12, se menciona además en un segundo mandamiento que figura en la versión sama­ritana del decálogo. Se trata de una de las raras variantes del Pentateuco samaritano en relación con el texto recibido.

Hay también un mesianismo entre los samaritanos, que esperan al Taheb, el que ha de venir. No se trata de un descendiente de David, como el mesías judío, sino de una especie de nuevo..Moisés, el profeta de Dt 18,15, que vendrá a ponerlo todo en orden al final de los tiempos.

Es difícil señalar con certeza la historia de los orígenes de esta comunidad. Según el relato de 2 Re 17, después de la caída del reino del norte y de la toma de Samaría el 721, los asirios deportaron a una parte de los habitantes y esta­blecieron en aquellas tierras colonos mesopotámicos. Estos habrían fundado, con ayuda de un sacerdote local, un culto sincretista. Aunque la tradición samaritana sitúa la ruptura todavía antes, cuando Siquén fue abandonada por Silo, hoy se piensa más bien que es más tardía la constitución de esta «secta» samaritana. Cabe pensar también en la, vuelta del destierro, en la época de Zorobabel y de Nehemías, o en el momento de la conquista de Alejandro; fue entonces, según el historiador judío Flavio Josefo, cuando los samaritanos construyeron un templo en el monte Garizín.

Las relaciones solían ser bastante tensas entre Jerusalén y Samaría, pero dentro de una estrecha comunidad de des­tino. Se siguieron manteniendo ciertos vínculos y se ejercieron influencias recíprocas entre judíos y samaritanos; por otra parte, éstos están en ciertos aspectos más cerca de los saduceos que de los fariseos. Pretenden ser los herederos de las tribus del norte que permanecieron fieles a la fe de Moisés. Su oposición al templo de Jerusalén pudo acercar­los a los esenios y a ciertas corrientes del cristianismo primitivo.

Los am ha-aretz: "la gente del país" . Los marginados.

 

Como en toda sociedad, también en Palestina, en tiempos de Jesús, se daba esta marginación social Y por diferentes causas. Alejados de las discusiones leguleyas y de los ideales de pureza extrema, teniendo que pagar el duro impuesto a Roma y el óbolo para el Templo, encontramos a los am ha- aretz, la "gente del país", el pueblo. Era la clase social inferior, la plebe, compuesta por gentes de¡ campo, quizá descendientes de extranjeros, que no conocían más que lo fundamental de la ley, y ni siquiera practicaban lo que sabían con exactitud. Son despreciados, sobre todo, por los fariseos que les llaman "pueblo maldito" del que no hay que compadecerse, ni comprarles los frutos, ni darles hospedaje en casa, porque ni siquiera resucitarán.

Dedicados principalmente al campo, al artesanado y al comercio, entre los habitantes de Palestina había quienes ejercían profesiones consideradas impuras: curtidores, tejedores y recaudadores de impuestos (publicanos), identificados muchas veces como ladrones y pecadores.

Los pecadores públicos eran aquellos que habían transgredido alguno de los preceptos de la ley en forma notoria (la mujer pecadora, la adúltera). los publicanos, por su complicidad con los romanos, para quienes cobraban los impuestos, extorsionando frecuentemente a los contribuyentes, pues la tribulación la hacían por su cuenta, contratando una cantidad global con Pilato. Los afectados de ciertas enfermedades también se veían apartados de la vida social, sobre todo ciertas enfermedades de la piel denominadas comúnmente como lepra, o por enfermedades mentales (posesos). Finalmente, estaba la caterva de mendigos y desocupados, integrada por deficientes físicos (cojos, ciegos, paralíticas) etc.

Los samaritanos constituían. un ghetto étnico religiosso odiado por los judíos, hasta el punto de constituir el peor de los insultos el denominar a uno "samaritano".

Y en último lugar, los gentiles, cuyo trato estaba prohibido por la ley, hasta el punto de series negada la entrada en casa de un israelita.

Los pobres eran numerosos, sobre todo en el campo, no pocas veces enfrentado a la ciudad. Son los anawim, aquellos que nada poseen más que la esperanza mesiánica. Será a ellos, fundamentalmente, a quienes Jesús de Nazaret dedique su mensaje: a ellos pertenece el reino (cft. Lc. 6, 20).

Dos hambrunas asolaron la época. Situación que llevo a muchos a emigrar a otras tierras.

 

La sinagoga 

Nacida, probablemente, en la época del exilio babilónico, (587-538), la sinagoga ("asamblea") era el lugar de las reuniones cultuales de los judíos.

Esparcidas por todo el territorio palestino, se hallaban presentes, también, en el territorio del imperio romano, fundamentalmente en las grandes ciudades. Allí es donde el israelita forja su mentalidad y piedad. Al Templo sólo concurre en contadas ocasiones, a la sinagoga va cada semana. En la época de Jesús se calcula que en Jerusalén habría unas 480 sinagogas. Había sinagogas de los judíos de la diáspora (Hech 6,9) y de algunas corporaciones.

La sinagoga es administrada por un responsable escogido por los ancianos. Le corresponde organizar la oración, designar a los lectores eb invitar a las personas que considera debidamente cualificadas para hacer el comentario.  Hace las veces de un juez de paz en la localidad.

El culto sinagogal se realiza sobre todo el sábado, pero se puede ir a la sinagoga todos los días. Se basaba en la lectura de la Torá y  de algún profeta, seguido de su comentario a cargo de los doctores de la ley, dato que remite la institución al partido de los fariseos (cfr Lc. 4). La reunión se abría con el rezo del Shemá (Deut. 6,4-5; 11,13-21; Nm 15,36,41) y se cerraba con la oración sacerdotal (Núm. 6,22-26). No hay ningún elemento sacrificial, por ello el sacerdote no ocupa ningún lugar determinado, a no ser mediante alguna bendición que tiene lugar al finalizar la primera parte. Para que se pueda celebrar la oración común se necesita al menos diez hombres adultos libres, si no, no se celebra. Cualquier judío podía leer y hacer los comentarios. De hecho no ocurría así, se solicitaba a algún escriba o fariseo que haga el comentario, de esa manera ejercían su influencia sobre el pueblo. La sinagoga llegó a convertirse en una de las más importantes instituciones del judaísmo y en la única que logre sobrevivir al siglo II de nuestra era.

El Templo, el clero y los levitas

Reconstruido en todo su esplendor por Herodes, El Templo de Jerusalén fue devastado por las tropas de Tito en el año 70. El inicio de la revuelta del 66 había sido, precisamente, la negativa a continuar con los sacrificios por el emperador y por el imperio.

En la época de Jesús estaba en su esplendor y era causa del orgullo de los judíos y de la admiración de todos los que visitaban. En él se ofrecía el sacrificio diario y a él acudían los judíos cuando la Torá así lo prescribía. A él peregrinaban para las tres grandes fiestas: Pascua, Pentecostés y Tabernáculos

El corazón del Templo era el "santo de los santos”, habitáculo del arca de la alianza, aunque vacío, a esta altura por la desaparición de la misma en el 587 a.C. En él ingresaba una vez al año el sumo sacerdote para expiar por los pecados de todo el pueblo.

Un templo de estas características suponía la existencia de un clero y de una casta sacerdotal. Podríamos dividirla en el alto clero -los sacerdotes descendientes de Aarón- y el bajo clero -los levitas, descendientes de la tribu de Leví, al servicio de los sacerdotes.

El sumo sacerdote era el jefe de la clase sacerdotal a la vez que presidente de¡ sanedrín, lo que lo convertía en una figura preponderante de la vida política y religiosa de Israel. A su servicio se encontraba el jefe de la guardia, encargado de la policía del Templo. Luego venían los sacerdotes y, por último, los miembros del bajo clero: los levitas. El número del personal afectado al Templo se calcula en 20.000 personas.

 

3. Marco socio-político: el trípode del poder en Israel

El trípode del poder en la Palestina de la época de Jesús estaba constituido por Roma -a través del gobierno de los procuradores-, la dinastía herodiana (pro-romana) y el gran sanedrín de Jerusalén.

 

La dominación romana

Conquistada por Pompeyo en el 63 a. C., Palestina se integró a la provincia romana de Siria. junto a una dinastía pro-romana (la herodiana), con el correr del tiempo la región de Judea fue administrada directamente por Roma a través de los procuradores o prefectos que residían en Cesarea. Del procurador dependían las cuestiones financieras, judiciales y militares.

Israel gozó de algunos de los privilegios de la pax romana junto a una cierta autonomía en sus asuntos internos, la ley judía fue reconocida como ley de Estado para todos los judío del imperio, lo que implicaba ceder funciones en manos del sanedrín. Se respetaba la prohibición judía a las imágenes, por lo que no se introdujeron en el territorio los estandartes del emperador. Además, los judíos estaban exceptuado del servicio militar.

El yugo romano se hacía sentir, fundamentalmente, a través de los diversos impuestos -imperial, de peaje, de aduana- así como por la presencia militar, concentrada en Cesarea y esparcida en el resto del territorio. Las fiestas judías solían ser ocasión de revueltas populares, por lo que el procurador se trasladaba a Jerusalén para alojarse, con sus tropas, en la Torre Antonia, en el ángulo noroeste del Templo.

Poncio Pilato fue, sin duda, el más cínico e impopular de los procuradores romanos, que parecía gozar irritando a lo judíos con prácticas que sus antecesores se habían cuidado de ejercer. Entre otros hechos, hizo tomar del tesoro del Templo el dinero necesario para la construcción de un acueducto en Jerusalén, El pueblo se opuso con violencia y muchos judíos fueron muertos por sus tropas. Tras las críticas llegadas a Roma por una matanza de samaritanos por él ordenada, fue suspendido en sus funciones y condenado por Calígula, en el año 37, a suicidarse o exiliarse.

Entre los años 41 al 44 la provincia de Judea pasó a la órbita de Herodes Agripa, amigo del emperador Claudio, por lo que desaparece transitoriamente el cargo de procurador. Los procuradores vuelven a entrar en escena entre el 44 y el 66. Durante esos años, el país se ve ganado por el descontento y las cada vez más frecuentes insurrecciones antirromanas ,que culminarán con la guerra general iniciada en junio del 66.

La dinastía herodiana

El sumo sacerdote Hircano II fue, en los hechos, el último rey de la dinastía asmonea, la descendencia de Judas Macabeo. Su sucesor, Antígono, fue derrocado por Herodes en el 37 a.C., quien en el 40 a.C. había sido reconocido como rey por el senado romano.

Quien pasó a la historia como Herodes el Grande, siendo de padre idumeo y madre nabatea, nunca fue reconocido como judío por sus compatriotas. Hábil diplomático, supo siempre cómo ganarse el favor de Roma. En su esfuerzo por acercarse al pueblo mandó reconstruir el Templo, que se convirtió en la mayor de sus muchas obras.

Con una turbulenta vida familiar, plagada de esposas y asesinatos, tras su muerte, en el año 4 a.C., el reino quedó dividido entre sus tres hijos: Arquelao (tetrarca de Idumea, Judea y Samaría, muerto en el 18 d.C  .) , Filipo (tetrarca de Betanea, Traconítide y Auranítide, muerto en el 34) y Herodes Antipas (tetrarca de Galilea y Perea, muerto en el 39), de quien dependía Jesús de Nazaret en su condición de Galileo.

Herodes Agripa I, quien era nieto de Herodes el Grande, heredó los territorios de Antipas y de Filipo. Entre el 41 y el 4, año de su muerte, volvió a tener, como su abuelo, el control de todo el territorio palestino. Su hijo, Herodes Agripa II, es el último representante de la dinastía herodiana.

La dinastía de Herodes, en los hechos una familia pagana e incondicionalmente pro-romana, nada tenía que ver con lo que los judíos consideraban, en su expectativa mesiánica, como “el rey de Israel” en la línea davídica. No obstante contaba con Partidarios dentro del grupo de los saduceos. No debe dejarse pasar por alto que estos reyes eran los encargados del nombramiento de los sumos sacerdotes. Por lo cual podían hacer sentir a influencia en el Templo y en el sanedrín.

El sanedrín

También llamado "senado", "consejo" o 'presbiterio', el sanedrín (del griego synedrion: sentarse juntos) ejercía la administración de justicia y, parcialmente, e1 gobierno en los asuntos internos de Israel. Sería como la corte suprema de Israel. Su origen se remonta a la época persa.  Su poder no se mantuvo siempre idéntico, pero en la época de Jesús, cuando Judea no dependía del poder de Herodes sino directamente del procurador romano, conoció una ampliación de sus atribuciones.

Legislaba en todo lo que se refería a la vida de Israel'. Juzga de los delitos contra la ley, fija la doctrina y controla tod la vida religiosa. Era, acatado por todos -incluso con el auxilio de Roma, reacia a inmiscuirse en las cuestiones religiosas del pueblo- como la autoridad legítima.         -

Lo presidía el sumo sacerdote. El resto de sus setenta miembros pertenecían al alto clero, por un lado, y a los escribas y doctores de la ley los restantes. Estos eran mayoritariamente fariseos. En los primeros predominaba la ideología saducea. Sus reuniones se desarrollaban en el Templo. Después del año setenta, fue integrado con exclusividad por escribas fariseos.

Existían, también, pequeños tribunales locales (cfr. Mt. 10, 17), encargados de recibir las causas y transferirlas, si fuera el caso, al gran sanedrín de Jerusalén.

4.    Jesús y su tiempo

Cuando leemos los Evangelios los cristianos podemos llegar a equivocarnos al imaginarnos un siglo 1 y una Palestina ocupados totalmente por la figura y la acción de Jesús de Nazaret. Puede afirmarse, sin embargo, que el lugar ocupado por su actividad fue, para sus contemporáneos, anecdótico. Como afirma G. Theissen:

 

Los Evangelios sugieren que Jesús ocupó entonces el centro de la historia de Palestina. Ahora bien, desde el punto de vista histórico, Jesús fue sólo un fenómeno marginal. No se encuentra inmediatamente su huella, cuando uno estudia la Palestina del siglo 1 de nuestra era.

En los suburbios del imperio, en una de las provincias más alejada de Jerusalén, en el caserío de Nazaret, nos encontramos con Jesús, hijo de María, carpintero (cfr. Mc. 6,3), "hijo del carpintero' (Mt. 13, 55).

Desde su origen bautista, junto a Juan, su palabra y su obra ponen distancia con todas las expresiones religiosas e ideológicas de la Palestina de su tiempo.

Pero su palabra y su obra resuenan en lo más profundo de¡ corazón de sus contemporáneos, por apelar a la expectativa religiosa de su pueblo: él anuncia que el reino de Dios ha llegado (cfr. Mc. 1, 14-15).

Entroncado en la tradición profética de Israel (cfr. Me. 6, 15), su palabra aparece con una autoridad que los maestros de la ley no poseen (cfr. Me. 1, 22). Con el tiempo sabrá que su destino no será distinto al de otros profetas en Israel (cfr. Mt. 23, 27).

Cercano a los pecadores, a los humillados y despreciados, su mensaje se presenta como el advenimiento del día del perdón y la salvación

Sus propios familiares y discípulos aparecen desconcertados ante su actuación (cfr. Mc. 3,21). Sabiéndose rechazado entre los suyos (cfr. Mc. 6, 4), sube a Jerusalén donde el enfrentamiento en el Templo termina sellando su suerte (cfr. Mc.11,15-18). Muere crucificado, condenado por el sanedrín y por el procurador romano.

Paradójicamente en su cruz se lee: 'Jesús de Nazaret, rey de los judíos" (cfr. Mc. 15, 26), título lejano a sus intenciones y a su drama histórico. Este Jesús de Nazaret, muerto en la Pascua del año 30, es testimoniado por los discípulos, en la fuerza del Espíritu, como Señor y Cristo.

En conclusión:

Jesús no encaja en ningún esquema. Para comprenderlo no son suficientes categorías antiguas ni modernas; ni siquiera bastan las veterotestamentarias. Representa un fenómeno extremadamente señero. Es y continúa siendo un misterio. El mismo hace bien poco por aclarar este misterio. No le importa su propia persona. Sólo le interesa una pero ésta desde luego total y exclusivamente: el venidero, reino de Dios en el amor. Lo que le importa es Dios y los hombres, la historia de Dios con los hombres. Este es su  asunto. Sólo preguntando por esto es como podemos, acercarnos más al misterio de su persona. La perspectiva teológica es la única justa al enfrentarse con la persona y la causa de Jesús.

 



Lo mismo que la término iglesia, la palabra sinagoga representa dos realidades: la reunión d elos creyentes para la oración y el edificio material en donde se celebraba esa reunión.

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