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El problema del Jesús histórico y el Cristo de la fe

por Romen
sábado, 16 de agosto del 2008 a las 06:26

Jesús de Nazaret y la historia[1]

•1.     Jesús y la historia[2]

Una grave cuestión previa se impone a las conciencias contemporáneas: ¿Qué sabemos realmente de Jesús? Los relatos evangélicos están marcados por lo maravilloso y los milagros, que muchos se niegan a aceptar. ¿Cómo basar la fe en datos que parecen en gran parte legendarios? Nuestra mentalidad, marcada por la cultura científica, se ha hecho extremadamente exigente en relación con la historia. La fe no puede ser ya ingenua. No se puede creer sino basándose en cosas ciertas, es decir, en datos históricos comprobados.

Ahora bien, a propósito de la historia de Jesús  se han dicho las cosas más contradictorias: desde que ni siquiera existió hasta que todos y cada uno de los versículos de la Biblia son verdaderos al pié de la letra (el fundamentalismo) ¿De qué fiarnos entonces?

Examinaremos pues lo que se puede decir de Jesús a la luz de las fuentes históricas de que disponemos. Se presentarán los grandes criterios metodológicos de la investigación en esta materia y se señalarán los resultados más comúnmente admitidos hoy.

Pero, ¿tal indagación sobre la historia de Jesús es legítima para un creyente?

No solo es legítima, sino que además es necesaria, la fe la reclama. Porque si Jesús es verdaderamente hombre, como afirma la fe cristiana, entonces es susceptible de los análisis de todas las ciencias humanas que puedan interesarse por él. La primera de ellas es evidentemente la historia; no sólo su historia personal, sino también la del ambiente en que vivió, y en particular el ambiente judío de su época. Este es un punto en el que nuestros conocimientos han aumentado considerablemente en los últimos años. Añadamos a esto la arqueología, que es una especie de geografía histórica. También podemos considerar la ciencia de las religiones (anteriormente llamada historia de las religiones, o religiones comparadas) la psicología, la sociología. Jesús, verdadero hombre, puede con entera legitimidad ser objeto de todas estas disciplinas. Es la misma fe la que nos remite a las ciencias y a la historia

Breve historia de la investigación sobre Jesús

 

Se trata de introducirnos previamente a la historia de la historia, es decir a la historia de la investigación histórica sobre Jesús. La misma en los últimos doscientos años ha dado giros espectaculares. Conocerlos nos permiten captar la complejidad del problema.

La dificultad comienza con el estudio de las fuentes de nuestro conocimiento de Jesús. El noventa y nueve por ciento de las mismas son cristianas: evangelios, cartas del NT. Hasta los tiempos modernos (s. XVI) los cristianos, en nombre de la fe, otorgaban una confianza total a estas fuentes. No veían ningún motivo para criticarlas, se las consideraba en continuidad directa con los datos históricos, más cercanos a ellos (en el tiempo) en los primeros siglos, y que aún no planteaban ninguna dificultad en la Edad Media.

Las cosas cambian a partir del siglo XVII. La historia comienza a convertirse en ciencia, y se somete a crítica los textos antiguos siguiendo una serie de procedimientos que se han hecho clásicos: el método "histórico-crítico".

 

Del siglo XIX al XX

 

A partir del s XIX se comienza a poner en cuestión el valor de los evangelios. Ya que se presentaban a sí mismos como testimonios de fe[3] fueron considerados a priori como sospechosos. Se los consideraba parciales, como una predicación que quiere conducir a la fe y por ello se les acusa de "maquillar" los hechos y presentar a Jesús bajo una luz particularmente favorable.

Surge entonces la oposición entre el "Jesús de la historia" y el Cristo de la fe" que marcará la investigación en todo el siglo XX.[4]

Cristo de la fe

Presentado con títulos divinos luego confirmados como dogmas por los concilios

La fe le revistió de añadidos  doctrinales

Jesús de la historia

El hombre de Nazaret, predicador de Galilea y Judea que acabó sus días en la cruz

Algunas posturas extremistas  llegaron  a la conclusión de que Jesús no fue más que un mito, no existente en la realidad. Los relatos de los evangelios serían para ellos de mero carácter simbólico, sin contenido histórico real.[5]

La "escuela liberal" intentó, durante un siglo reconstruir con certeza científica la historia de Jesús. Será A. Schweitzer quien muestre el fracaso estruendoso de esta "búsqueda de Jesús de Nazaret"[6] y . Bultmann quien radicalice la postura contraria: la de la imposibilidad -e inutilidad- de alcanzar al "Jesús histórico"[7]

 

La nueva cuestión del Jesús histórico

Tras lustros dominados por el pensamiento bultmaniano, habrá que esperar los años cincuenta para encontrarse con una postura matizada: los Evangelios nos transmiten mucha más tradición verdadera de la que suponemos. De lo que se trata es de reconstruir el "círculo hermenéutico" que se establece entre el Jesús histórico y lo que la Iglesia naciente testifica que Dios obró en él.

La predicación primitiva no es un telón que nos oculta todo lo concerniente a Jesús antes de la pascua. A través de ella precisamente se puede discernir lo que se remonta al propio Jesús.[8]

Toda esta discusión, de la que daremos cuenta en otra parte de la obra, sirvió, entre otras cosas, para que hoy contemos con frondosos estudios que abordan la cuestión y que nos permiten reconstruir con bastante certeza si no una historia de Jesús si al menos el contexto histórico de su actividad, elemento indispensable para aproximarnos a la resonancia que su palabra y su praxis provocaron en la lejana Palestina del año 30.[9]

No nos mueve a esto una mera curiosidad histórica. La confesión de fe que da testimonio de Jesús como revelador y salvador, no se circunscribe a su muerte y su resurrección, como hechos aislados, sino que supone toda su existencia como reveladora y salvadora. Sólo aproximándose a su singularidad histórica se hace posible captar, en todo su dinamismo, la relevancia del misterio proclamado en él.[10]

Hoy se está en mejores condiciones para abordar la cuestión del valor de una conclusión histórica, de su grado de certeza o verosimilitud. La historia, en todos sus campos, sigue siendo en parte una ciencia fundada en conjeturas. No es nunca neutra, desea la objetividad pero se acerca a ella sin alcanzarla definitivamente. Los historiadores modernos tampoco pueden escapar a lo que diagnostican en los historiadores antiguos. Cada uno tiene una concepción del mundo, de los hombres y de Dios determinada que pesa sobre los resultados de la investigación.

El misterio de la encarnación del Verbo de Dios no nos habla solamente de un individuo. La encarnación nos habla, también, de una geografía y una época determinadas, es decir, de un determinado "drama" histórico, sólo desde el cual se accede al carácter universal del destino de Jesús de Nazaret.

Una cristología que prescinda del Jesús histórico corre el riesgo al menos de convertirse en un mero idealismo e incluso, en un juego intelectual. Sin negar otros caminos posibles para aproximarse al misterio de Jesús, el Cristo, puede considerarse que el recorrido por gran parte de la teología del posconcilio es el que sigue siendo el más apropiado".

La cuestión estriba en saber si la confesión cristológica de los cristianos se apoya en un acontecimiento real vivido por Jesús, al que se puede acceder con suficientes garantías.

Sólo desde Jesús de Nazaret se salvaguarda a Cristo del mito. Así como sólo desde Cristo se percibe en su verdadera dimensión el sentido último del destino histórico de Jesús de Nazaret.

Los resultados actuales de la investigación sobre el Jesús histórico  distan de ser "reconfortantes" Varios puntos del mensaje evangélico siguen estando fuera del alcance de la historia. No obstante, hay un consenso general, apoyado en sólidas bases.

El trabajo crítico realizado sobre la Biblia a lo largo del S XX, es sorprendente por sla meticulosidad que llega a los mínimos detalles. Las investigaciones se apoyan en indicios muy tenues. Ningún libro en el mundo ha sido objeto de una investigación tan crítica y reiterada como la Biblia. El verdadero milagro es que resista todavía.

La investigación no puede darse por concluida. Los resultados futuros modificarán el balance que hoy puede hacerse.

•2.     El problema de las fuentes[11]

Jesús, según parece, no escribió nada, salvo una vez sobre la arena (jn 8,6-8). En esto se parece a Sócrates. Cuya enseñanza  ha sido transmitida por otros.

La pregunta que asoma es la siguiente: ¿de qué "fuentes" disponemos a la hora de hablar de Jesús de Nazaret? Pero sobre todo, ¿cuál es el carácter y el valor de tales fuentes?

La respuesta a la primera pregunta parece obvia: el Nuevo Testamento, particularmente los cuatro Evangelios. La respuesta a la segunda no lo es tanto, ya que supone desandar, aunque más no sea brevemente, la historia de la redacción de los Evangelios y la cuestión del género literario de los mismos. Hay fuentes cristianas no recogidas en la "regla" o canon[12] de las Escrituras.

Deben valorarse, además, los datos -ciertamente escasos- que provienen de escritores no cristianos contemporáneos al Nuevo Testamento y finalmente, los restos arqueológicos.

El carácter kerygrnático[13] de los evangelios

Los Evangelios no son biografías de Jesús. No parten del afán, más propio de los tiempos modernos, de abarcar cronológicamente todas las palabras y acciones de un personaje histórico. Los Evangelios son, ante todo, predicación. Por eso se habla del carácter kerygmático de los mismos, es decir, del lugar que ocuparon en la misión de la Iglesia apostólica como proclamación de su fe.

Para comprender lo anterior es necesario sumergirse en la vida de las primeras comunidades cristianas, dentro de las cuales se va abriendo paso la tradición que desembocará, finalmente, en los Evangelios.

La distancia que media entre la Pascua (año 30) y la redacción de los Evangelios sinópticos (entre el 70 y el 80) es de aproximadamente medio siglo. Durante esos 50 años fundantes, ¿no hubo Evangelios? No en la forma en que hoy los conocemos. Pero sí hubo una Iglesia que celebraba su fe y que misionaba y catequizaba tanto entre los judíos como entre los gentiles. Es decir, había una comunidad misionera.

En función de la misión y de la vida de las comunidades se hacía memoria de los hechos y dichos de Jesús. Nos encontramos, entonces, ante un evangelio narrado, fundamentalmente por los Apóstoles -y quienes estuvieron más cercanos a Jesús en su vida pública- y luego por los "profetas" o predicadores itinerantes de la primera Iglesia.

Muy probablemente estos relatos de la tradición oral comenzaron a fijarse en escritos que coleccionaban los dichos y los hechos de Jesús de Nazaret, dando origen a una tradición textual.

Todo este "trabajo" no surgía del interés historiográfico sino de las necesidades aparecidas en la tarea evangelizadora y en la vida de las comunidades. Esto hará que con los evangelistas[14]  cristalicen escritos considerados canónicos por la Iglesia desde bien temprano.

Al redactar los Evangelios, los autores seleccionaron[15]  del material recibido, aquellos pasajes que adquirían una particular relevancia en función de sus destinatarios. A su vez, la construcción literaria la efectuaron desde su propia teología y con su peculiar estilo.

El texto que hoy llega a nuestras manos es el resultado final de una larga historia en cuya reconstrucción aún trabajan los especialistas sin ponerse del todo de acuerdo. Lo cierto es que los Evangelios nos transmiten la predicación de la primitiva Iglesia con toda su variedad y su riqueza, pero, además, con su propio horizonte de preocupaciones.

Como punto final de una historia que nadie ha podido escribir con detalle ni de manera convincente, se encuentra el Evangelio ( ... ). En nuestros días, la mayoría de los críticos se niegan a reducir el papel de los evangelistas al de meros compiladores. Y ello tanto más cuanto que el "género literario" de los Evangelios es una creación cristiana original. Su particularidad descansa en el carácter único de la predicación cristiana que anuncia que este hombre es el Señor... No puede compararse el género literario de los Evangelios al de las obras de la antigua historiografía ( ... ). Y es que, en efecto, lo que los Evangelios pretenden directamente no es trazar la biografía de un héroe, sino suscitar en el lector la fe en Jesús..

Si muchos de los relatos evangélicos son construcciones de los evangelistas, ¿en qué sentido pueden considerarse "verdaderos"? En el sentido de la fidelidad a lo que querían transmitir: En Jesús, el Cristo, Dios ha manifestado y actuado su salvación para los hombres.  Este es el mensaje central del que dan testimonio "los cuatro" Evangelios y que nos permite hablar de "el" Evangelio.

Los otros escritos neotestamentarios

            No fueron los Evangelios los escritos más antiguos que hoy integran el Nuevo Testamento. Antes de la redacción de aquéllos nos encontrarnos con las cartas de Pablo, al menos las siete consideradas auténticas, ubicadas entre los años 50 y 64 (o 68). Sin embargo en ellas no abundan los resortes biográficos acerca de Jesús.

Las cartas de Pablo, así como el resto de los escritos neotestamentarios, se entroncan en una motivación similar a la de los Evangelios. El escribe a comunidades ya existentes y que, por lo tanto, habían recibido el "primer anuncio" e incluso gozaban de una activa vida litúrgica, como lo refleja  1 Cor. Entre estas comunidades, que conocían a prominentes figuras de la Iglesia apostólica como Pedro, Lucas, Bernabé, Marcos, Apolo y, por supuesto, al propio Pablo, debemos suponer presente al menos la tradición oral por la cual sabían de la actividad de Jesús. Estas comunidades son las protagonistas de aquel proceso que describíamos al hablar de la redacción de los Evangelios.

Pablo se dirige a ellas para ahondar en el misterio que les fue anunciado, para exhortarlas a la perseverancia en la fe, para hacer oír su voz en los conflictos y para llamarlas a una vida digna de la fe que recibieron. Por eso es que en sus cartas aparecen, según los casos, la alegría y la tristeza, el enojo y la ternura, la exposición serena y el relato apasionado. Pablo es como un padre hablándoles a los hijos que engendró para la fe en Cristo.

"Y dejando de lado otras cosas, está mi preocupación cotidiana, el cuidado de todas las iglesias" (2 Cor. 11, 28): es este cuidado por las comunidades, esta preocupación, la que motiva a Pablo a escribir. Y si sus escritos no nos acercan elementos sobre el acontecer histórico de Jesús, sí testifican lo que la palabra y la praxis del Nazareno, en el movimiento del Espíritu, han suscitado.

Las fuentes no-cristianas

Entre las fuentes no-cristianas que mencionan a Jesús, pueden distinguirse las judías y las paganas.

Entre estas últimas, mencionamos a Tácito (55-120), Suetonio (75-155) y Plinio el joven (61-115). Son menciones indirectas, ya que de lo que tratan estos autores es describir la "abominable superstición" (Tácito) del cristianismo.

Entre las fuentes judías pueden mencionarse el Talmud y sobre todo a Flavio Josefo (37-100). Este último, a través de sus dos obras fundamentales (La guerra de los judíos y Las antigüedades judías), es quien más datos aporta sobre la Palestina de los tiempos de Jesús. Un texto de Las antigüedades judías hace referencia a Jesús. Texto problemático, ya que existe en cuatro versiones distintas desde las que no resulta sencillo reconstruir la original,  reproducimos la que aparece en la historia universal de Agapio:

Por esta época, hubo un hombre sabio llamado Jesús, de, buena conducta; sus virtudes fueron reconocidas, y muchos judíos y de otras naciones se hicieron discípulos suyos. Y Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Pero los que se habían hecho discípulos suyos predicaron su  doctrina. Contaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Quizá era el Cristo sobre el que habían dicho cosas prodigiosas lo profetas..

Es innegable que esta  cita, aun remitiendo a un núcleo indiscutido de autenticidad, recibió algún "retoque" cristiano.

En líneas generales, las menciones extra-cristianas acerca de Jesús son escasas y poco relevantes. Para un juicio global sobre ellas, conserva toda su actualidad la afirmación de G.Bornkamm:

Estas fuentes paganas y judías son importantes única mente en cuanto confirman el hecho -evidente ya por otras partes- de que, en la antigüedad, ni al más acerbo enemigo del cristianismo se le ocurrió poner en duda la historicidad de Jesús. Esto quedó reservado tan sólo para la crítica desenfrenada y tendenciosa de los tiempos modernos sobre la que no vale la pena entrar aquí en detalles. Pero a nuestro conocimiento de la historia de Jesús, los mencionados pasajes no aportan prácticamente nada. Lo que vemos por ellos es que, para la historiografía contemporánea, la aparición de Jesús, suponiendo que se enterara de ella, distó mucho de ser un acontecimiento sensacional.

Aproximación cronológica a la vida de Jesús

¿Es posible reconstruir una cronología de la vida de Jesús? Tan sólo aproximativamente. Para ello deben tenerse en cuenta algunos datos aportados por los Evangelios.

Jesús nació, según Mt. 2, 1, en tiempos de Herodes el Grande (37-4 a. C.), cuando Quirino era legado del imperio romano en Siria. Sabemos por Tácito que Quirino fue hecho cónsul en el año 12 a. C. y lo encontramos con algún tipo de responsabilidad política en Siria (y Judea) aún en el año 6 d.C. Esta última referencia, aportada por Lc. 2, 1-2, resulta poco clara en función de los datos que, con algunas lagunas, maneja la historiografía actual. En esa misma  cita se nos dice que el emperador de Roma era Augusto (63 a.C.-14 d.C.).

Según Lc. 3, 1 Jesús desarrolló su actividad siendo Tiberio emperador romano (14-37 d.C.), Herodes Antipas (Mc. 6,14) el tetrarca de Galilea (4 a.C.-39 d.C) y Poncio Pilato (Mc. 15, 1) el procurador de judea (26-36 d.C.). En lo que hace al sumo sacerdocio, este fue ejercido, en vida de Jesús, por Anás (6-15 d.C.) y por Caifás (18-38).

¿Cuándo empezó y cuánto duró su actividad profética? La investigación ubica el comienzo de su actividad pública entre los años 27 y 28, ("el año 15 del Reinado de Tiberio César" según Lc 3,1). Todos los evangelistas coinciden en referir el bautismo de Juan (o su testimonio, como Jn. 2) en el inicio de su actuación. En lo que hace a su duración, las divergencias aparecen desde los propios Evangelios: los sinópticos mencionan una fiesta de Pascua (Mc. 14, l), mientras que Juan hace referencia a tres (Jn. 2,13; 6,4; 11,55). La  vida pública de Jesús habría durado entre dos años y medio y tres años.

¿Cuándo nació Jesús? Dionisio el Exiguo, el monje al que en el siglo VI d.C. le encomendaron la tarea de construir un calendario cristiano en reemplazo del romano, cometió un error al calcular el año cero de nuestra era, el del nacimiento de Jesús. Tampoco hay acuerdo sobre el dato señalado por Lc 2,1-2 referido al edicto del censo. Hubo varios censos en esta época.

Si nos atenemos a la afirmación de Lc. 3,23, al iniciar su actividad tendría unos 30 años, y consideramos que su ministerio comenzó en el 27 llegamos a la conclusión de que nació el año 4 a.C (ya que no existe el año 0) Otros datos hacen pensar que nació mas bien el 5 o 6 a.C. Esta es la opinión más generalizada. Se ignora la fecha de nacimiento de grandes hombres de la antigüedad, por la sencilla razón de que nadie nace siendo ya un "gran hombre"

            Como lugar del nacimiento de Jesús, los relatos de Mateo y Lucas señalan Belén. Algunos historiadores, por el hecho de que Juan (¿o sus interlocutores judíos?) parece ignorarlo (Jn 7, 41-42), han cuestionado este dato. A Jesús se lo llama Nazareno y se le considera procedente de esta aldea. Pero nada hay decisivo a este respecto. Jesús vivió y creció en Galilea, en Nazaret, un pueblecito más bien despreciado.

            Entre el comienzo del ministerio público y la pasión de Jesús, no se puede reconstruir la secuencia cronológica de sus desplazamientos y de los principales acontecimientos. Jesús lleva una vida itinerante, cuyos motivos se cuestionan los historiadores. Se hace bautizar por Juan bautista. El vínculo entre ambos hombres es históricamente cierto. Jesús perteneció al grupo bautista de Juan, pero realizó un giro con respecto a la espiritualidad desértica de este grupo. Porque Jesús no es un "asceta" retirado en el desierto ni trata de formar un pequeño grupo de "puros". Vive en el mundo, come y bebe (Mt 11,19), dirige a todos un mensaje universalista.

Los sinópticos nos muestran a Jesús actuando en Galilea.  Tras el rechazo de sus paisanos, Jesús sube a Jerusalén, donde es condenado y ajusticiado. Lucas nos agrega un largo relato  que acompaña la marcha hacia la capital de Judea. Juan pone a Jerusalén como sede principal de la actividad de Jesús. Es probable que Jesús, durante su vida pública, haya  subido más de una vez a Jerusalén, (según Juan tres veces), mientras que la mayor parte de su actividad la desarrolló en las tierras de Galilea. Lo que se conoce como el "giro" de Cesarea de Filipo, lugar en que se sitúa la confesión de Pedro, en el extremo norte de Palestina, inaugura la última subida a Jerusalén antes de su muerte.

¿Cuándo murió? Distintos cálculos apuntan a datar la muerte de Jesús en el día anterior a la Pascua del año 30: el 14 de Nisán del calendario judío. Trasladado a nuestro calendario, el 7 de abril[16]. Jesús tenía, entonces, entre 34 y 37 años.

Excurso: los "evangelios de la infancia"

Un caso paradigmático de los relatos evangélicos lo constituyen los llamados "evangelios de la infancia" de Mateo y Lucas (cfr. Mt. 1-2 y Lc. 1-2).  Se trata de construcciones teológicas en formas de historia que narran la "prehistoria" de Jesús sobre la base de modelos veterotestamentarios. Esto se expresa en la concepción, en el anuncio del nacimiento, en la imposición del nombre, etcétera (cfr. Gn. 21,1-7; 25, 25-26; Ex. 2,1-10). Digamos que este evangelio de la infancia es como un "preludio" en el que, anticipando rasgos de la vida pública y teniendo en cuenta ya la resurrección, la fe de sus autores se recrea en el nacimiento de Jesús.

En Mateo, la figura central es José. Jesús aparece corno el Mesías davídico y el nuevo Moisés. Ante el rechazo de los judíos, es aceptado por los gentiles en la persona de los magos de Oriente. En Lucas, el personaje central es el de María, que juega en paralelo con Zacarías, el padre de Juan Bautista. Al emparentar a María con la familia de Aarón (a través de su prima Isabel) Jesús reúne la ascendencia davídica y sacerdotal. Jesús es adorado por los pastores, considerados malditos por los fariseos.

La importancia de los Evangelios de la infancia estriba en que son los únicos testimonios de la concepción virginal de Jesús. El nuevo Adán no procede de la tierra sino de la libertad y la gratuidad absoluta de Dios. El es fruto del Espíritu, "como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre" (Lc. 1, 55).

Lo que en el fondo han pretendido no es informar para la historia o para la curiosidad, sino subrayar la importancia que tiene para la fe la aparición de Jesús en el mundo y proclamar que con su venida comenzaron a cumplirse las profecías. Por tanto, si alguien quisiera conocer lo que hizo Jesús de niño, cómo era o cómo vivió en Nazaret, de poco le iba a servir la lectura de los evangelios, pues Lucas y Mateo responden desde la fe a la pregunta "quién es Jesús", pero de ningún modo a la pregunta "qué hizo el niño Jesús". Nos presentan así un motivo para la contemplación, pero no un modelo para nuestra conducta.

Desde muy antiguo, la inspiración popular o la fantasía se encargó de llenar por su cuenta lo que parecía un vacío en los cuatro evangelios, y así nacieron los evangelios apócrifos, es decir, no reconocidos por ninguna iglesia como testimonios de su auténtica tradición y "compuestos -según Orígenes- por quienes se lanzaron a escribir evangelios sin estar investidos de la gracia del Espíritu Santo". Los apócrifos nos hablan de un niño Jesús milagrero que hace pajaritos de barro y los hace volar con una palmada.

Más reciente es la ocupación de ese vacío por los padres y educadores, que han proyectado en la figura del niño Jesús todas las "virtudes" de una moral burguesa. Según este procedimiento, el niño Jesús fue ya todo lo que estos padres y educadores quieren que sean sus propios hijos y discípulos.

 

 


[1] BIBLIOGRAFIA: Campana, O, Jesús de Nazaret, su historia y la nuestra, San Pablo, Bs.As.1994; Coda, P., Dios llega al hombre. Breve Cristología, Ciudad Nueva, Madrid, 1993; Sesboüe, B., Creer. Invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del siglo XXI, , San Pablo, Madrid, 2000

[2] Indiquemos en primer lugar os diversos sentidos del término "historia". Puede designar a cronología, los acontecimientos tal como somos capaces de reconstruirlos a partir de las fuentes que poseemos. Pero la historia va más allá, implica un cierto sentido de los acontecimientos, en cuyo discernimiento juega un determinado papel nuestra concepción del mundo.Designa también la condición humana, porque estamos inscriptos en una temporalidad en la que se decide nuestra libertad. Si juzgamos la historia, lo hacemos dentro de la historia.

Distingamos igualmente, aunque sin separarlas, la verdad de la certeza. La verdad expresa lo que es conforme a la realidad, y se opone al error. Pero supera siempre, y con mucho, lo que podemos conocer al respecto. Hay, por lo demás, varios tipos de verdad. Se habla de ella no sólo en el orden de la ciencia, sino también en el de las relaciones humanas. El encuentro y la convivencia son lugares de experiencia de la verdad. Si esta juega con frecuencia el papel de verdad-prueba, puede jugar también el de verdad-signo, A partir de ese momento, la verdad "habla". De ahí pasamos a la certeza, que es un estado de nuestro espíritu que da su asentimiento sin temor a equivocarse. La certeza nos hace reconocer en los grandes acontecimientos la huella de una presencia a la que esta se adhiere. Enseguida se ve el papel de la certeza dentro del acto de fe.

[3] Mc 1,1; Jn 20,30-31

[4] Son célebres la Vida de Jesús, de Friedrich Strauss en Alemania y de Ernest Renan en Francia

[5] En defensa contra esta postura un futuro obispo anglicano Whately escribió en 1919 un librito humorístico titulado Dudas históricas sobre Napoleón Bonaparte, utilizando los mismos criterios que argumentaban  los racionalistas para llegar a la conclusión de que Bonaparte nunca había existido.

[6] Decía:"No hay nada más negativo que los resultados de la investigación liberal sobre la vida de Jesús,...ese Jesús nunca existió. Es una figura esbozada por el racionalismo, vivificada por el liberalismo y revestida de una teología moderna de la ciencia histórica. Esta imagen no se ha destruido desde el exterior, ella misma se ha hundido, zarandeada y agrietada por los problemas históricos reales" (Citado por J Ratzinger, Foi chrétienne hier et aujoud'hui,129) El problema era que se cayó en la cuenta de que había tantos rostros del "Jesús histórico" como autores de vida de Jesús. Cada autor proyectaba inconcientemente (o concientemente como el caso de Hegel que hace decir a Jesús las palabras de Kant) los valores más arraigados en cada uno de ellos. El Jesús que aparece es  un maestro iluminista, un genio del romanticismo, un moralista kantiano o un paladín de las ideas sociales.

[7] Bultman, teólogo y exégeta luterano alemán afirma que de Jesús sólo podemos afirmar que existió, que fue bautizado por Juan Bautista y que murió en la cruz: "No podemos saber prácticamente nada de la vida y la personalidad de Jesús, porque las fuentes cristianas que poseemos, muy fragmentarias e impregnadas de leyendas, no tienen evidentemente ningún interés en este punto, y no hay ninguna otra fuente sobre la vida de Jesús" (Mythologie et démythologisation, 1968, 35) Es imposible para él traspasar el telón histórico que representa la predicación cristiana primitiva. Los evangelios se escribieron después de la predicación de Jesús, y la certeza de la fe en ella transforma los recuerdos. El nombre de Jesús sólo recapitula el contenido entero de la predicación primitiva.

[8] Ernest Käseman, exégeta luterano alemán, replica a Bultman en 1954: la predicación de los discípulos concede un lugar muy importante a los hechos y gestos del Jesús prepascual. Si este no hubiera tenido ninguna importancia para ellos nunca hubieran sentido la necesidad de componer relatos de este tipo. Se habrían contentado con anunciar su resurrección y transmitir sus palabras.

[9] En los últimos treinta años del siglo XX se ha producido un progreso considerable en los estudios sobre el judaísmo y la literatura intermedia entre el AT y el NT, que enmarcan el nacimiento de Jesús. De esta manera es posible identificar mejor el medio (religioso y cultural)  en el cual tuvo lugar la predicación de Jesús. También los criterios para emitir un juicio sobre la historicidad de un hecho son más precisos.

[10] Un exégeta, J. Jeremías ha centrado su investigación en las "palabras que se remontan al mismo Jesús" (ipsissima verba Jesu), las que fueron pronunciadas por él tal cual, a diferencia de las que fueron reelaboradas por los evangelistas. Se tiene en cuenta la parte personal de construcción del relato que se debe al redactor, que escribe a distancia de los acontecimientos y tiene una intención teológica determinada.

[11] Ver para este tema: Piero Coda;  El acceso a la historia de Jesús de Nazaret a través de los evangelios

[12] Canon de las Escrituras:el término griego "canon" (kanôn) significa regla. El canon de las Escrituras es la lista oficial de los libros que pertenecen respectivamente al AT y al NT. Dentro de la abundante literatura judeocristiana, el pueblo judía primero y la Iglesia cristiana después, ejercieron el discernimiento para constituir los respectivos cánones de ambos testamentos, por inclusión o exclusión de diferentes libros. Lo que pretendía era delimitar los libros cuya autoridad por la fe se reconocía. Históricamente esta delimitación se fue realizando por un proceso lento y complejo. Respecto de ambos testamentos surgieron conflictos: 1) algunos judíos querían atenerse sólo a los libros escritos en hebreo (biblia palestina), mientras que otros querían incluir también algunos escritos en griego; 2) algunos cristianos no reconocían los últimos libros del NT. Los libros discutidos durante algún tiempo suelen conocerse con el nombre de "deuterocanónicos" a los libros rechazados se les da el nombre de apócrifos, porque se atribuyen falsamente la autoría de un profeta o de u n apóstol

[13] Kérygma es una palabra griega que significa: "anuncio realizado por el heraldo"; el Nuevo Testamento lo usa en sentido técnico para expresar tanto el anuncio realizado por Jesús (la llegada del Reino de Dios), como el anuncio de los apóstoles sobre Jesús resucitado. Los evangelios (y de manera diversa los otros escritos del NT) pertenecen al género literario kerygmático en el sentido de que quieren anunciar el mensaje de salvación ofrecido por Jesús y cumplido en el acontecimiento de su muerte y resurrección.

[14] No entramos aquí en la ardua cuestión de la autoría de los Evangelios. Sí apuntamos que Mateo, Marcos, Lucas y Juan no pueden ser considerados como meros recopiladores individuales sino como referentes autorizados de distintas comunidades cristianas.

[15] Trabajo de selección que, en algunos casos, fue previo al de la redacción: "Las comunidades cristianas primitivas no conservaron ni transmitieron más que los gestos y las palabras del maestro que tenían un interés para ellas. Cada vez que transmitían lo que habían recibido, es porque tenían un motivo para obrar así; es porque se sentían afectadas, de una manera o de otra, por tal frase o por tal acto de Jesús"

[16] Esta conclusión, que sigue la tradición del evangelio de Juan, se deduce del contraste de numerosos textos y de lo que se sabe de la celebración de la pascua judía. Los datos que nos aportan los Evangelios no son coincidentes. Para los sinópticos, la cena fue pascual, por lo cual Jesús habría muerto el mismo día de la Pascua: el 15 de Nisán. Pero Juan nos dice (cfr. Jn. 19, 14) que Jesús murió el día de la preparación de la Pascua, es decir, el 14 de Nisán, con lo cual la cena fue una comida de despedida.

Si se sigue la tradición de los evangelios de Marcos y Lucas, menos verosímil históricamente, habría que señalar el 27 de abril del 31, un año después.

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Romen escribió esta anotación hace 1 año. En ella habla sobre Cristologia, Evangelios y Jesús De Nazaret.

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